lunes, 7 de noviembre de 2011

Agua para elefantes


Abrí los ojos y contemplé la carpa de las fieras, loco por encontrarla. Tampoco puede ser muy difícil dar con una chica y una elefanta, por Dios santo. Cuando conseguí distinguir sus lentejuelas rosas casi se me escapó un grito de alivio... O tal vez sin el casi. No lo recuerdo.
Estaba al otro extremo, de pie contra la pared, tranquila como un día de verano. Sus lentejuelas brillaban como diamantes líquidos, un faro luminoso entre las pieles multicolores. Ella también me vio y me mantuvo la mirada durante lo que pareció una eternidad. Tenía un aire imperturbable, felino. Incluso sonreía. Empecé a abrirme paso hacia ella, pero algo en su expresión hizo que me detuviera de repente.
Aquel hijo de puta estaba de pie de espaldas a ella, sofocado y resoplando, agitando los brazos y blandiendo el bastón de contera de plata. Su chistera de seda estaba tirada en la paja a sus pies.


Fuente: Agua para elefantes - Sara Gruen - 2007

Un libro que te sorprende hasta el final, que engancha (hacía tiempo que no me ocurría), que te hace vivir diferentes emociones a lo largo de toda la trama. No decepciona.

París

Bajó del tren preocupada. Hacía meses que sólo se saludaban cordialmente. Parecía que nunca había estado entre sus sábanas.
Maldice el momento en que se le ocurrió llamarlo. El avión se para. Acaba de llegar a Sevilla.

Mientras recoge el equipaje, recuerda la conversación:
- Hola ¿te molesto? -dice ella al escuchar su voz.
- Ey, niña. ¡Qué va! ¿Qué tal todo?
- Bien, mañana regreso. Me preguntaba si podrías recogerme en el aeropuerto. -No sabe de dónde ha sacado las fuerzas.
- Claro, allí estaré a la hora que me digas.

Sale a la zona de espera. Lo ve y se le para el pulso. "Mierda" piensa, "está guapísimo, mala idea".
Él sonríe tan espectacular como siempre. Se acerca a ella seguro.
Se paran cuando llegan a la altura del otro. Se miran intensamente. Sonríen.
Impulsívamente se acercan y se besan, un beso corto, dulce, suave. Se separan.
Él sonríe mientras sigue pegado a ella. Tiene la cara de ella entre las manos. Ella ha soltado en algún momento el bolso y el equipaje. Las manos lo sujetan por las caderas. Suspira, sonríe.
Él la vuelve a besar. Se separan unos milímetros, y ella consigue hablar. No lo piensa, sólo lo dice.
- Te he echado de menos.
- ¡Qué bien te sienta París, niña! -la sigue sujetando sin apartarla ni un milímetro más.
- Creo que te quiero. -Cierra los ojos al ser consciente de lo que ha dicho. Espera su reacción.
Él sigue sonriendo y mirándola. La vuelve a besar, ésta vez es más largo, más cálido. La pega contra él cuando la toma de la cintura.
- No te vuelvas a ir sin mí. -Le dice sonriendo, la coge de la mano y echan a andar.

martes, 1 de noviembre de 2011

No quiero nada contigo... más que tus manos recorriendo mi espalda.

No quiero nada contigo... más que tus manos recorriendo mi espalda.
De nuevo tus dedos buscando entre mi piel, dejando huellas a cada surco que trazan. Estremecerme bajo las sábanas de tu cama mientras me encuentras.
Tus labios descubriendo los míos... Lenguas marcando el ritmo ávidas de conocerse.
Sentir como recorres mi cuello, mientras los suspiros dicen cual es el camino. 

No quiero nada contigo... acariciarte callada mientras mis dientes se ceban con tus labios.
Uñas que recorren tu cuerpo, para reducir a la nada la distancia que nos separa. Hundirte en la almohada mientras se te corta la respiración.
Enseñarte esos lugares desconocidos... Lenguas que se tantean en un juego peligroso.
Saberte ahí para dormirme junto a ti, con juegos de manos que acompañan la duermevela.

No quiero nada contigo... salvo pasearme desnuda por tu colchón.
Tus dedos dibujando mi silueta, erizando toda mi piel en su tarea. Abrazarme a ti falta de aliento.
Mis dedos buscando tu espalda... Mi boca buscando tu boca.
Despertarte a medio dormir, dibujando en tu pecho las ganas que tengo de ti.

No quiero nada contigo... más que sentir una sonrisa que se dibuja mientras beso tu boca.
Suspiros que guían mis manos que recorren tu cuerpo en caricias atrevidas.
Tus manos aventurándose y preparadas para descubrirme... Palabras suspendidas en el aire.
Compartirte sólo con las sábanas de tu colchón, quererte sólo para mí.