Abrí los ojos y contemplé la carpa de las fieras, loco por encontrarla. Tampoco puede ser muy difícil dar con una chica y una elefanta, por Dios santo. Cuando conseguí distinguir sus lentejuelas rosas casi se me escapó un grito de alivio... O tal vez sin el casi. No lo recuerdo.
Estaba al otro extremo, de pie contra la pared, tranquila como un día de verano. Sus lentejuelas brillaban como diamantes líquidos, un faro luminoso entre las pieles multicolores. Ella también me vio y me mantuvo la mirada durante lo que pareció una eternidad. Tenía un aire imperturbable, felino. Incluso sonreía. Empecé a abrirme paso hacia ella, pero algo en su expresión hizo que me detuviera de repente.
Aquel hijo de puta estaba de pie de espaldas a ella, sofocado y resoplando, agitando los brazos y blandiendo el bastón de contera de plata. Su chistera de seda estaba tirada en la paja a sus pies.
Fuente: Agua para elefantes - Sara Gruen - 2007
Un libro que te sorprende hasta el final, que engancha (hacía tiempo que no me ocurría), que te hace vivir diferentes emociones a lo largo de toda la trama. No decepciona.
Estaba al otro extremo, de pie contra la pared, tranquila como un día de verano. Sus lentejuelas brillaban como diamantes líquidos, un faro luminoso entre las pieles multicolores. Ella también me vio y me mantuvo la mirada durante lo que pareció una eternidad. Tenía un aire imperturbable, felino. Incluso sonreía. Empecé a abrirme paso hacia ella, pero algo en su expresión hizo que me detuviera de repente.
Aquel hijo de puta estaba de pie de espaldas a ella, sofocado y resoplando, agitando los brazos y blandiendo el bastón de contera de plata. Su chistera de seda estaba tirada en la paja a sus pies.
Fuente: Agua para elefantes - Sara Gruen - 2007
Un libro que te sorprende hasta el final, que engancha (hacía tiempo que no me ocurría), que te hace vivir diferentes emociones a lo largo de toda la trama. No decepciona.
