lunes, 7 de noviembre de 2011

París

Bajó del tren preocupada. Hacía meses que sólo se saludaban cordialmente. Parecía que nunca había estado entre sus sábanas.
Maldice el momento en que se le ocurrió llamarlo. El avión se para. Acaba de llegar a Sevilla.

Mientras recoge el equipaje, recuerda la conversación:
- Hola ¿te molesto? -dice ella al escuchar su voz.
- Ey, niña. ¡Qué va! ¿Qué tal todo?
- Bien, mañana regreso. Me preguntaba si podrías recogerme en el aeropuerto. -No sabe de dónde ha sacado las fuerzas.
- Claro, allí estaré a la hora que me digas.

Sale a la zona de espera. Lo ve y se le para el pulso. "Mierda" piensa, "está guapísimo, mala idea".
Él sonríe tan espectacular como siempre. Se acerca a ella seguro.
Se paran cuando llegan a la altura del otro. Se miran intensamente. Sonríen.
Impulsívamente se acercan y se besan, un beso corto, dulce, suave. Se separan.
Él sonríe mientras sigue pegado a ella. Tiene la cara de ella entre las manos. Ella ha soltado en algún momento el bolso y el equipaje. Las manos lo sujetan por las caderas. Suspira, sonríe.
Él la vuelve a besar. Se separan unos milímetros, y ella consigue hablar. No lo piensa, sólo lo dice.
- Te he echado de menos.
- ¡Qué bien te sienta París, niña! -la sigue sujetando sin apartarla ni un milímetro más.
- Creo que te quiero. -Cierra los ojos al ser consciente de lo que ha dicho. Espera su reacción.
Él sigue sonriendo y mirándola. La vuelve a besar, ésta vez es más largo, más cálido. La pega contra él cuando la toma de la cintura.
- No te vuelvas a ir sin mí. -Le dice sonriendo, la coge de la mano y echan a andar.