Ayer finalizó la Feria del Libro. Y hay sentimientos encontrados, unos bonitos, otros no tanto y sobre todo mucho cansancio acumulado. Ha sido un ritmo maratoniano.
La verdad es que hace 3 años, con toda esa ilusión y esperanza puesta en este proyecto que es Alejandría, no imaginé verme ahí. Aquí en petit comité, cuando sueñas algo siempre aspiramos a lo básico: yo me veía en mi librería despachando libros y sonriendo a mis clientes.
Esta Feria del Libro ha sido la primera toma de contacto con la gestión real de una librería, en miniatura pero librería, al fin y al cabo. Y no nos ha ido mal. Obviamente no todo el trabajo ha sido mío, hay mucha gente detrás apoyando y empujando este sueño, y quizás por eso, cada vez tenga más forma de realidad. Por eso, y porque soy una pesada cabezota que no parará hasta conseguirlo, prácticamente me va la vida en ello.
A lo largo de este camino, los obstáculos han sido, son y serán muchos, pero creo que si no es así, trabajando duro y con constancia, los sueños no merecen la pena que se cumplan. Y este ya lleva muchas horas dedicadas, muchas risas, muchas lágrimas y, por encima de todo, muchas ganas.
Os cuento otro secreto, resulta que me encanta estar vendiendo libros, yo sabía que lo mío era de cara al público, pero he descubierto que, a fuerza de acumular, sé muchísimo de libros y sé darle a la gente lo que busca: ese es mi sitio. Y obviamente, una vez encontrado nuestro sitio en la vida, creo que se pelea con más ganas aún ¿no? Cuando cierro los ojos, confío en un pequeño golpe de suerte que nos termine de dar el empujón, y sé que será un éxito, porque las cosas que se hacen con amor lo son.
Aunque la mitad de esas personas no se enteren, quiero dar las gracias porque si no fuera por ellos, Alejandría no habría estado en la Feria del Libro. Por aguantar los malos humores, por ayudar a realizar el proyecto, por soportar las horas de madrugón y las de trasnochar, por apoyar, por empujar, por hacerme mantener la lucha, por consolarme en las decepciones, por estar ahí.
Creo que nadie se puede considerar un buen "emprendedor", palabra que no me gusta para nada porque debería de ser más un superviviente, sin pilares donde apoyarse. Es muy importante que alguien respalde y confíe en ti, en tus ilusiones y tus metas, para poder apuntar al Sol y llegar a las estrellas.
Encontrado mi sitio en el mundo, sólo quedar persistir en la lucha y un golpe de suerte. Y la suerte, por si nadie lo sabe, es de aquellos que consiguen las cosas trabajando, con todo su esfuerzo y poniéndoles mucho corazón.
Gracias a la familia, gracias a los amigos con nombre propio: Esther, Germán, Javi, Ale, mi Javi, Raquel, Jesús, Manolo, ojalá y dentro de poco podamos inaugurar un sitio especial.
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