lunes 14 de marzo de 2011

Del amor y otros demonios...

- Hola me llamo Tal y me gustas. No hay más, si te pasa lo mismo que me está pasando a mí, te propongo que nos conozcamos sin ningún compromiso, sólo poder conocerte para saber si esto que empiezo a sentir puede ser más grande.
¡Qué valiente! Menos mal que sólo es algo hipotético. Qué fácil sería todo si las cosas fueran así en la realidad. Pero no. En este mundo que dios sabe quién ha hecho, nos gusta complicarnos la vida lo máximo posible, más difícil todavía "sí", señor.

Si hablamos de reacciones químicas, cosa que me encanta, podríamos definir una relación romántica como el punto  en el que una serie de hormonas alcanzan su punto más extrepitoso, y nos hacen experimentar unas sensaciones de placenteras, por las dos partes integrantes de la pareja, lo cual provoca que haya un estado común de poca lucidez y de embriaguez que oculta los defectos y lo hace todo maravilloso y precioso. Me he pasado de mala quizás, pero a fin de cuentas es lo que pasa al principio...

Vale, hasta ahí una visión excéptica del tema. Ahora va la de verdad. Yo, que soy una romántica y creo que en eso que llaman amor, creo que una relación es la situación que lleva a dos personas a entablar una conexión desde la cual lo que haga el un@ o el otr@ alteren el estado de la otra parte integrante. De modo que, por ejemplo, mi mal humor se lo contagiaría a una persona cercana que al conocerme haya establecido esa conexión especial. También podría ser la definición de amistad ¿no? El tema está en la atracción física, en ocasiones sin sentido y carente de lógica (algo hormonal seguro): ¿pero cómo me puede gustar a mí si es que ni me atrae? Sin engañarnos, algo nos atrae por eso se podruce ese estado de "enamoramiento" al que casi la mitad de la población no enamorada actualmente le tiene pánico, porque se pierde una barbaridad dejándose llevar, vamos, por perder se pierde hasta la personalidad.

Y ya por picar dentro de las relaciones... De todas las que más frustación me producen son las del quiero (porque soy completamente consciente de que quiero) pero no puedo (que traducido resulta que no me atrevo). Por ahí reside la cobardía de vivir plenamente algo, está el conformismo dándose la mano con el tiempo porque el tiempo es quien pone las cosas en su lugar, y probablemente, como dice el refrán "el roce hace el cariño" y el tiempo da pie al roce ¿o no? Total que cuando llevas tiempo con una persona, la terminas queriendo, aunque no creo que amando si esa chispa no saltó al principio no va a saltar luego. Que donde hubo fuego quedan rescoldos, pero donde la lluvia no consiguió prender hoguera alguna, la humedad no deja que las chispas quemen las brasas que en su día no hubo.
Que no me vendan milongas, que lo más bonito que hay es desbordarse por alguien y no vivir a fuego lento mientras nos consumimos sabiendo que en algún momento diremos basta porque no se resiste más la presión de estar con alguien por unos motivos que ya quedaron atrás en el tiempo y olvidamos cuáles eran.
Y por eso no entiendo que haya quienes se tengan que repetir mil veces que se quieren para que se entere el mundo entero, cuando para mí, basta con un gesto una caricia que si sustituyen a las palabras son más auténticos. Quizás lo que tratan de hacer es autoconvencerse de que aún se quieren y se aman porque no saben en que parte del camino perdieron esa magia. A mí que nadie me venga contando lo que te quiero y lo que te debo porque, a fin de cuentas, a la hora de ajustar es probable que de tanto decirme que me quieres ya haya perdido el sentido y de poco demostrarlo no recuerde cuando me querías de verdad y te pasabas las horas esperando verme llegar.
Que si eso es así y te desvives por mí, dímelo bajito, sin que nadie se entere, en el momento más inesperado. Y procura recordármelo cada vez que tu piel se ponga en contacto con la mía para que, de esa forma, no sea capaz jamás de olvidar que hay alguien capaz de hacerme vibrar el alma con un roce. Y que cuando alguien se intente cruzar entre tú y yo, no me sea posible prestar atención porque estaré recordando que cada vez que me tocas me estremezco sin saber aún por qué, aunque lleve media vida compartiendo contigo todos esos detalles que me hacen seguir a tu lado.