Hay que ver las vueltas que le das a la vida don Carnal.
Que ya se acerca doña Cuaresma y aún me la tienes alborotada, dando tumbos y sin saber a dónde mirar.
¿Qué hago contigo don Carnal?
Que cuando me llegas cantando me desbaratas los sentidos, desajustas mis sentimientos y se me acaban los miramientos al son de una coplita. Y por extraño que te parezca, un año más, todo vuelve a pasar. Se intensifican los momentos y nos volvemos cobardes por no saber dar un beso, un abrazo, por no querer mirar.
Que en esta fiesta la reina se llame Poca Vergüenza, que se pinta dos coloretes y va jaleando a ritmo de 3x4 lo linda que está la vida cuando llegas, don Carnal.
Aquí las pasiones son más vividas, más bonitas, son siempre más niñas. Niñas de tirabuzones que con una sonrisa guiñan mientras ríen tus estribillos y enamoran sin palabras a todo aquel que las haya visto.
Y unas palmas, unos palillos, que cuentan que tu calle, que tu barrio, que tu ciudad está de fiesta y que hay que bailar para poder festejar, que ahora los pecados, son menos pecados, que las tristezas, son menos tristes.
¿Qué te cuento don Carnal? ¿Qué te puedo contar?
Que miro unos ojitos que no paran de buscarme y me entran ganas de llorar, de emoción, de intensidad, de rabia y hasta de vanidad.
Que toco esa mano, y se me pone el vello de punta con el contacto, que me descoloca todo el pensamiento y pierdo el hilo de lo que estaba diciendo, y tengo que fingir para no volver a empezar.
Que huelo ese cuello, ese pelo, y me deja embelesada, aletargada en un sueño del que no quiero despertar.
Que miro esa boquita, y entre que me lo pienso y me lo dejo de pensar se me pasa la oportunidad, y cuando ya se me ha pasado la oportunidad busco otra ocasión para volvérmelo a pensar.
¿Qué más quieres que te diga?
Que entre Carnaval y Carnaval, aquí las cosas no van a cambiar. Quizás el vino me vuelva valiente, aunque sea incapaz de decir más. O es que, a lo mejor, entre copla y copla, me envuelve la magia y se me olvida el mundo, que de ahí no hay quién me saque, y es que yo tampoco quiero salir.
Ay, don Carnal.
Entre vino y vino se me va la cabeza y me pregunto, ¿a qué viene tanta cobardía? Si cuando hay que echarle cara al mundo yo se la echo por todos los demás. ¿Y de dónde me viene ese miedo? Que no se pierde lo que no se tiene, y sólo se va lo que no se quiere quedar.
Y entre tanto, yo canto, y bailo, y rio, y bebo, y hablo, y miro. Y sobre todo, busco, no paro de buscar, para verlo llegar, para encontrármelo al girar la vista y ver que me sonríe y que se lleve todas las penas; con un abrazo que borre el mundo y sólo quedar dos y de fondo coplitas de Carnaval.
Que siempre me haces lo mismo don Carnal.
Y es que en febrero se me olvida la voluntad, me pierden las ganas y recorto las distancias, y todo lo fuerte que era, vuelvo a ser ahora débil… Y me acerco tanto, que hasta me da miedo partirme y hasta no saber ni hablar.
Vete ya amigo, que no crea que pueda aguantar mucho más.
Que al final me vas a hacer llorar, y yo voy a verte para reír y bailar, que en tu casa la Alegría es la señora y yo voy a visitarla, que de Penas no tengo más ganitas ya.
Que cada cual pague por sus males y cargue con su propia cruz.
Y yo tengo dos que por ahora nunca se cómo disimular:
Cuando me acabo de emborrachar
y cuando el corazón se me enamora.
Y cuando se me enamora
no lo sé disimular.
Y no lo puedo parar.
Maldita sea la hora…
En la guerra como en el amor para que todo acabe
es necesario verse de cerca.
Es un episodio más en la vida del hombre,
pero en la mujer es toda su existencia.
Y si ha nacido del alma,
ese amor se te clava enseguida.
Y si un día, de pronto, se olvida,
te resucita y te mata otra vez,
y nadie puede darse a dos amores en una sola vida.
Por acercarme a sus orillas caí en el abismo de mi desengaño.
El amor hace a los hombres libre,
pero cuando son libres los hace esclavos.
Con ella cada noche era, tremenda la ternura y divino el dolor,
y más seguro y menos peligroso,
hacerle bien la guerra que hacer el amor.
Y el mío nació del alma, como la más terrible aventura.
Y aunque sé que ese amor no se cura.
Su herida siempre me acompañará.
Por eso vivo al calor de los rayos que me da luna.
Yo soy como la luciérnaga
que necesita la noche para brillar y vivir.
Las noches de Bohemia - Popurri - Juan Carlos Aragón Becerra
Texto:
Dina El Ghoulbzouri Torres