lunes 7 de junio de 2010

Te cambio un dibujo por un puñado de palabras... - Capítulo Ocho: Con una cerveza de compañera


Sentado en una terraza, con el Sol de cara y aplacando la noche anterior con una cerveza bien fría. Que falta le hacía…

El murmullo de los demás llena el ambiente de risas, bromas, novedades que contar y cosas que recordar. Y él se pierde entre sus propios recuerdos. Como si hubiera sido ayer le vino a la memoria uno de sus cumpleaños. El que más nítidamente recuerda de su infancia. Cumplía 6 años y estaba rodeado de amigos soplando las velas de una tarta donde rezaba “Feliz cumpleaños Pablo”.
Desde ese recuerdo, fue trayendo poquito a poco el pasar de los años de su vida. Momentos, caras, sentimientos que parecían perdidos y que volvían junto con la brisa fresca y suave que le trae el mar que tiene enfrente.

Mirando a su alrededor, sonríe satisfecho. La noche de ayer era para guardarla también entre esos recuerdos preciosos.
El día no acompañaba en absoluto, una mala racha que ya duraba demasiado. Y ellos, como siempre sin fallar ni un solo día. Recordándole que ya cumplía 29 primaveras y que ninguno de ellos se olvidaba de él, que siempre tenían un buen motivo para verse día tras día, y ese no iba a ser menos.
“Son buenos amigos”, piensa. “Llevan conmigo toda la vida, a veces en las buenas y siempre en las malas”.

Vuelve a beber de su cerveza que hace que la resaca de la noche anterior desaparezca poco a poco. Ya no les basta con estar una noche disfrutando de su compañía, han querido alargar la fiesta improvisada e inesperada. Y ahí están, haciéndole el día más dulce y menos desesperado. Sin dejarlo sólo, como llevan haciendo 23 años. Cómo ha pasado el tiempo y que poco han cambiado las cosas. Amigos.

Los mira, les sonríe y brinda a su salud una vez más, dándoles las gracias por estar ahí, no sólo hoy, si no todos estos años.


Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres