
Sentado en una terraza, con el Sol de cara y aplacando la noche anterior con una cerveza bien fría. Que falta le hacía…
El murmullo de los demás llena el ambiente de risas, bromas, novedades que contar y cosas que recordar. Y él se pierde entre sus propios recuerdos. Como si hubiera sido ayer le vino a la memoria uno de sus cumpleaños. El que más nítidamente recuerda de su infancia. Cumplía 6 años y estaba rodeado de amigos soplando las velas de una tarta donde rezaba “Feliz cumpleaños Pablo”.
Desde ese recuerdo, fue trayendo poquito a poco el pasar de los años de su vida. Momentos, caras, sentimientos que parecían perdidos y que volvían junto con la brisa fresca y suave que le trae el mar que tiene enfrente.
Mirando a su alrededor, sonríe satisfecho. La noche de ayer era para guardarla también entre esos recuerdos preciosos.
El día no acompañaba en absoluto, una mala racha que ya duraba demasiado. Y ellos, como siempre sin fallar ni un solo día. Recordándole que ya cumplía 29 primaveras y que ninguno de ellos se olvidaba de él, que siempre tenían un buen motivo para verse día tras día, y ese no iba a ser menos.
“Son buenos amigos”, piensa. “Llevan conmigo toda la vida, a veces en las buenas y siempre en las malas”.
Vuelve a beber de su cerveza que hace que la resaca de la noche anterior desaparezca poco a poco. Ya no les basta con estar una noche disfrutando de su compañía, han querido alargar la fiesta improvisada e inesperada. Y ahí están, haciéndole el día más dulce y menos desesperado. Sin dejarlo sólo, como llevan haciendo 23 años. Cómo ha pasado el tiempo y que poco han cambiado las cosas. Amigos.
Los mira, les sonríe y brinda a su salud una vez más, dándoles las gracias por estar ahí, no sólo hoy, si no todos estos años.
El murmullo de los demás llena el ambiente de risas, bromas, novedades que contar y cosas que recordar. Y él se pierde entre sus propios recuerdos. Como si hubiera sido ayer le vino a la memoria uno de sus cumpleaños. El que más nítidamente recuerda de su infancia. Cumplía 6 años y estaba rodeado de amigos soplando las velas de una tarta donde rezaba “Feliz cumpleaños Pablo”.
Desde ese recuerdo, fue trayendo poquito a poco el pasar de los años de su vida. Momentos, caras, sentimientos que parecían perdidos y que volvían junto con la brisa fresca y suave que le trae el mar que tiene enfrente.
Mirando a su alrededor, sonríe satisfecho. La noche de ayer era para guardarla también entre esos recuerdos preciosos.
El día no acompañaba en absoluto, una mala racha que ya duraba demasiado. Y ellos, como siempre sin fallar ni un solo día. Recordándole que ya cumplía 29 primaveras y que ninguno de ellos se olvidaba de él, que siempre tenían un buen motivo para verse día tras día, y ese no iba a ser menos.
“Son buenos amigos”, piensa. “Llevan conmigo toda la vida, a veces en las buenas y siempre en las malas”.
Vuelve a beber de su cerveza que hace que la resaca de la noche anterior desaparezca poco a poco. Ya no les basta con estar una noche disfrutando de su compañía, han querido alargar la fiesta improvisada e inesperada. Y ahí están, haciéndole el día más dulce y menos desesperado. Sin dejarlo sólo, como llevan haciendo 23 años. Cómo ha pasado el tiempo y que poco han cambiado las cosas. Amigos.
Los mira, les sonríe y brinda a su salud una vez más, dándoles las gracias por estar ahí, no sólo hoy, si no todos estos años.
Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres
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