lunes 24 de mayo de 2010

Te cambio un dibujo por un puñado de palabras... - Capítulo Siete: Bajo la lluvia


Alicia se despertó al poco de quedarse dormida. Al incorporarse un poco sobre la cama, se recostó sobre su derecha para contemplar el sueño de David. Verlo dormir le transmitía mucha paz. Aún así, no podía parar de darle vueltas a algo que le llevaba varios días rondando por la cabeza. ¿Qué iba a hacer?

Intentando no hacer ruido, se levantó de la cama, colocó el edredón para tapar bien a David, que no notara el hueco frío que iba a dejar su ausencia. Fue hacia una silla y cogió una sudadera de él, se la puso, y tras mirar una vez más al chico que dormía en su cama, salió de la habitación.

La cocina, un vaso de agua y vuelta a pensar…
― Alicia, te tienes que aclarar, esto no puede continuar así. Es una traición, una falta de respeto hacia David. Ponle remedio ya. ― Se iba diciendo mientras subía las escaleras de la buhardilla.
Libros, papeles, cuadros, botes de pintura, lápices, estanterías, una mesa con un ordenador portátil abierto y encendido, una silla giratoria y un sofá. En ese rincón suyo que era, la buhardilla de paredes cubiertas de volúmenes de todos los géneros, había una ventana que daba al tejado del edificio. Era de teja rojiza, muy rústico, con cierto aire a pueblo, a puro.
Desde muy pequeña a Ali siempre le había gustado aquella casa por como rompía con las líneas modernas del resto de la ciudad. Cuando llevaba 2 años trabajando para Alexia como diseñadora gráfica y publicista, le propusieron formar parte de los 3 asociados de la empresa. Confiaban en ella y en sus capacidades, y ella no iba a defraudar a nadie. Aceptó la propuesta y con los beneficios de la primera campaña publicitaria que lanzó como una asociada más, decidió comprar ese ático en el que ahora vivía sola.

Había llovido mucho desde entonces, las cosas no eran igual que hace 4 años. Y eso es lo que realmente la estaba asustando. En tan poco tiempo había pasado de la facultad a formar parte de una empresa muy competitiva, se había ido de casa para iniciar una vida en solitario e independiente, y lo más relevante, había dejado de estar sola y ahora tenía pareja.

Mientras reflexionaba sobre todos los cambios que habían tenido lugar en su vida, abrió la ventana de la buhardilla y salió por ella al tejado. La estructura formaba un alféizar de tamaño considerable con una pendiente no muy inclinada. Alicia ya había comprobada más de una vez si soportaba su peso. Era su sitio, su escondite. Cuando algo la desbordaba, se refugiaba allí. Aquel lugar le aportaba serenidad, libertad, pero a la vez seguridad y confianza.

No podía quitarse de la cabeza ese tema que la traía de vueltas desde hacía ya más de una semana. Era imposible quitárselo de la mente. Todo eso la superaba. Miró al frente, y vio una ciudad que descansaba de noche, al amparo de la luna, refugiados entre sábanas calientes.
Pensó en el chico que dormía abajo, en lo mucho que la quería. Siempre había sido así. Recordó la primera vez que se vieron. Ella tenía prisa, mucha prisa e iba corriendo por la facultad, de repente se choco con alguien y todos sus apuntes fueron a parar al suelo.
― ¿Eres imbécil o qué? Mira lo que has hecho, todos mis apuntes en el suelo, llevo prisa. ¿O es que no te has dado cuenta?
― ¿Yo soy el imbécil? Eras tú la que iba corriendo por los pasillos de la facultad…
― De todas formas, parece que no me has visto correr.
― Bueno, quizás me haya interpuesto en tu camino un poco adrede. ― Fue la respuesta de David mientras le sonreía.
― Eres un poco descarado ¿no crees? ― Inmediatamente después de pronunciar esas palabras, Alicia se arrepintió.
― Puede, pero es la única forma de llamar tu atención, y te aseguró que he intentado de todo. ― David seguía sonriendo, entre apuntes desparramados por el suelo. Ninguno de los dos quería ser el primero en desviar la vista para recogerlos.
Las cosas ya no son como entonces. Aquel día se enamoró incondicionalmente de él. Aún sigue enamorada de él. Lo quiere muchísimo, pero algo ya no marcha…

Pasó un rato y el frío hizo que Alicia se estremeciera, de los ojos empañados se desprendió una lágrima que rodó por su mejilla. Justo en ese momento, notó el contacto de alguien que se sentaba detrás de ella y la recostaba contra su pecho. David siempre tan atento, tan pendiente de ella. Al notar que estaba llorando, le limpió las mejillas con un sus dedos y le dio un beso en la frente.
― ¿Qué te pasa mi niña? ― Le preguntó dulcemente David mientras la abrazaba fuerte contra él.
― No ocurre nada David, de verdad. ― Fue la respuesta de Ali mientras le sonreía tiernamente con el rostro bañado en lágrimas.
― No me mientas Ali, que hace mucho que nos conocemos.
― Sí… ― Respondió y guardó silencio.
― Mírame pequeña. ― Le dijo David mientras le tomaba el rostro para volverlo hacia él. ― Tú sabes cómo soy, y creo saber qué te pasa, pero necesito que me lo digas tú. No puedo tomar ciertas decisiones por ti.
Alicia enterró el rostro en el pecho de David que la consolaba entendiendo a medias que sucedía. De pronto, empezó a caer una lluvia fina sobre toda la ciudad.
― ¡Ay David! Es que no te lo puedo decir, me siento mal sólo con pensarlo. No quiero hacerte daño. Pero no sé qué pensar ni qué hacer. ― La expresión en la cara de Alicia le confirmó a David sus sospechas.
― Es Pablo ¿verdad? ― Lo dijo en tono serio, pero tierno, la miró a los ojos y sonrió con tristeza.
― Sí. Lo siento, de verdad, no sé que me está sucediendo.
― No te preocupes, al menos me lo cuentas antes de hacer algo de lo que puedas arrepentirte, gracias por tenerme en cuenta. ― La besó en los labios.
― No iba a hacer nada David, tú sabes que te quiero con locura ¿verdad que lo sabes? Con locura, no concibo mi vida sin ti.
― Lo sé pequeña, no llores anda. Esto tiene solución, te lo prometo. Lo que sientes por Pablo es atracción, sólo eso. Pero si tengo que renunciar a ti para que compruebes lo que sientes realmente, adelante. Tómate tú tiempo, yo esperaré a que vuelvas segura de que a la única persona a la que quieres de verdad es a mí. ― Acompañaba sus palabras de caricias en el rostro húmedo de llanto y lluvia de Alicia. Dulce y tierno, como siempre era.
En cuanto fue consciente del esfuerzo y el sacrificio que era capaz de hacer David por ella, todas las dudas se despejaron. Y ahí, en ese tejado que tenía como escaparate una noche lluviosa, Alicia tomó una decisión.
Besó a David en los labios mientras lo tomaba de las manos.
― No tengo nada que pensar David, yo sé lo que quiero y lo tengo delante de mis ojos ahora mismo. Vamos a la cama que aquí llueve y hace frío. ― Y mientras le sonreía tiraba de David al interior la buhardilla…

Quique González - Y te vi bailar bajo la lluvia


Y te vi bailar bajo la lluvia,
y saltar sobre un charco de estrellas.
Te vi bailar bajo la lluvia,
esperando la luna llena.

Volverás a reirte de veras,
cuando creas que estaba perdido;
volverás a reirte de veras,
si te quedas conmigo.

Te vi bailar bajo la lluvia,
esperando la luna llena.
Te vi llorar bajo la lluvia,
¿quién te hubiera quitao la pena?

Volverás a reirte de veras,
cuando creas que estaba perdido;
volverás a reirte de veras,
si te quedas conmigo,
si te quedas conmigo.

Te vi bailar bajo la lluvia,
te limpié el corazón de arena.
Tu sexo es carne de aceituna,
de un olivo en la carretera.

Volverás a reirte de veras,
cuando creas que estaba perdido;
volverás a reirte de veras,
si te quedas conmigo,
si te quedas conmigo.

Te vi llorar, te vi llorar,
bajo la lluvia.
¿ quién te hubiera quitao la pena ?

Esperando la luna llena,
esperando la luna llena.


Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres
Música: Quique González - Y te vi bailar bajo la lluvia

3 Comentarios:

Esther dijo...

Ualaa... me gusta!
Un relato cortito pero intenso.

P.D. Quiero un David pa mí.(xD)

Javi dijo...

Quizá eso se lo dice a otra mujer, y le espeta al momento: "Ah, conque no te importa que esté pensando en otro, ¿no? ¡Eso es que no me quieres!" :P

Me ha gustado... es muy tierna la historia, la situación... Yo también quiero una Ali, claro... alguien que me quiera tanto que se preocupe de esa forma por el daño que pueda hacer...

Y luego, me has recordado a un verso de una de mis canciones favoritas de Jorge Drexler, Mi guitarra y vos. Dice que "Uno sólo conserva lo que no amarra".

Besos.

Javi dijo...

Gracias, niña :)

Me alegra que te guste :D

Un beso!