lunes, 10 de mayo de 2010

Te cambio un dibujo por un puñado de palabras... - Capítulo Seis: Tocando fondo


Tenía un mundo por delante…
Aspiraciones y sueños por cumplir, grandes ideas que realizar y sobre todo la ilusión de un niño. Y todo lo tiró por la borda de un barco sin rumbo fijo.

Un día cualquiera, al despertar, se dejó llevar por la monotonía que lo rodeaba. Sin nada en que pensar, sin ni si quiera hacerlo. La peor manera de creer que no se tienen problemas, es dejándolos al margen.

Y en esa inercia sin sentido, en esa estúpida vida en línea recta, como el cardiograma de un desahuciado. Así se quedó, dejando que la corriente lo llevará de un lado a otro, a la deriva.
Poco a poco, sin darse cuenta fue perdiendo interés en todo aquello que antes le gustaba, se olvidó de sus amigos. Todo lo que antes ansiaba ahora le era indiferente.

Pero aunque un bache se cruce en su camino, aunque el quiera tirar la toalla; hay amigos, hay personas que no le permiten desistir y abandonar. Quizá es porque, aparte de cariño, esas personas no hayan perdido la esperanza en él.

Ahí es cuando empiezan a fallar las cosas. Puede que porque él no sepa conectar con los demás. A lo mejor es que prefiere vivir como un ermitaño refugiado en su mundo sin tener que demostrarse nada a él, y mucho menos sin tener que lidiar con los cuernos que pone la vida.

De vez en cuando él cede, se deja llevar, cambia su rutina, recupera cierta alegría, las ganas de vivir…
Pero la mayor parte de las veces se escuda con mentiras y sentimientos de autodefensa, deja pasar el tiempo y sigua atrapado en ese mar plagado de algas que lo sujeta y no lo deja escapar.
Se olvidó de reír, se olvidó de sentir, se olvidó de pegarle bocados a la vida. Se olvidó de cómo confiar en los demás antes de que certificarán una lealtad de por vida. Se olvidó de qué era la espontaneidad.
Y ahí sigue, intentando escapar del fondo de su propio mar, lleno de miedos y temores que no le dejan volver a disfrutar…

Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres

1 Comentarios:

Javi dijo...

Me ha encantado, niña.

Lo peor es la impotencia de saber que o arranca él mismo las algas de cuajo, o no sale de ese fondo nunca. Nadie puede hacerlo por uno mismo...

Un beso!