—¿Han caído más bombas por esta parte?
El Cojo niega con la cabeza. Luego señala hacia el mismo arrecife, a uno y otro lado de la venta.
—Algo cae por la parte de la Aguada, y mucho en Puntales: allí les llueve a diario y viven como topos... Aquí es la primera vez.
Asiente Tizón, distraído. Sigue mirando hacia las líneas francesas con los párpados entornados a causa del sol que reverbera en la tapia blanca, en el agua y las dunas. Calculando una trayectoria y comparándola con otras. Es algo en lo que nunca había pensado. Sabe poco de asuntos militares y bombas, y tampoco está seguro de que se trate de eso. Sólo una corazonada, o sensación vaga. Un desasosiego particular, incómodo, que se mezcla con la certeza de haber vivido aquello antes, de un modo u otro. Como una jugada sobre un tablero —la ciudad— que ya se hubiera ejecutado sin que Tizón reparase en ella. Dos peones, en suma, con el de hoy. Dos piezas comidas. Dos muchachas.
Puede haber relación, concluye. Él mismo, sentado ante una mesa del café del Correo, ha presenciado combinaciones más complejas. Incluso las ejecutó en persona, tras idearlas, o les hizo frente al desarrollarlas un adversario. Intuiciones como relámpagos. Visión súbita, inesperada. Una plácida disposición de piezas, un juego apacible; y de pronto, agazapada tras un caballo, un alfil o un peón cualquiera, la Amenaza y su Evidencia: el cadáver al pie de la duna, espolvoreado por la arena que arrastra el viento. Y planeando sobre todo ello como una sombra negra, ese vago recuerdo de algo visto o vivido, él mismo arrodillado ante las huellas, reflexionando. Si sólo pudiera recordar, se dice, sería suficiente. De pronto siente la urgencia de regresar tras los muros de la ciudad para hacer las indagaciones oportunas. De enrocarse mientras piensa. Pero antes, sin decir palabra, regresa junto al cadáver, busca en la arena el tirabuzón metálico y se lo mete en el bolsillo.
Fuente: El asedio - Arturo Pérez-Reverte - 2010
Como siempre, Pérez-Reverte no me deja indiferente.
Gran novela que no sería capaz de encuadrar en el género histórico, pero tampoco en el des suspense policiaco, y es que aquí hay de todo. Hay historia, hay intriga, hay amistad, hay amor, hay política... Probablemente una recreación muy próxima a la realidad del Cádiz de 1810-1811.
De esta novela, me impacta sobre todo como consigue llevar hasta el final hilos diferentes dentro de la misma trama conectando a los personajes sutilmente hasta que llega el desenlace; sin duda, muy impactante.
Dosis de realismo, algún que otro comentario irónico y jocoso, con su habitual y peculiar forma narrativa el autor de esta joyita no deja mal sabor de boca.
Aviso a navegantes, si esperan una novela histórica, vaya desilusionándose ya. Hay un gran trabajo de documentación detras de este texto, pero no es sólo historia...
El Cojo niega con la cabeza. Luego señala hacia el mismo arrecife, a uno y otro lado de la venta.
—Algo cae por la parte de la Aguada, y mucho en Puntales: allí les llueve a diario y viven como topos... Aquí es la primera vez.
Asiente Tizón, distraído. Sigue mirando hacia las líneas francesas con los párpados entornados a causa del sol que reverbera en la tapia blanca, en el agua y las dunas. Calculando una trayectoria y comparándola con otras. Es algo en lo que nunca había pensado. Sabe poco de asuntos militares y bombas, y tampoco está seguro de que se trate de eso. Sólo una corazonada, o sensación vaga. Un desasosiego particular, incómodo, que se mezcla con la certeza de haber vivido aquello antes, de un modo u otro. Como una jugada sobre un tablero —la ciudad— que ya se hubiera ejecutado sin que Tizón reparase en ella. Dos peones, en suma, con el de hoy. Dos piezas comidas. Dos muchachas.
Puede haber relación, concluye. Él mismo, sentado ante una mesa del café del Correo, ha presenciado combinaciones más complejas. Incluso las ejecutó en persona, tras idearlas, o les hizo frente al desarrollarlas un adversario. Intuiciones como relámpagos. Visión súbita, inesperada. Una plácida disposición de piezas, un juego apacible; y de pronto, agazapada tras un caballo, un alfil o un peón cualquiera, la Amenaza y su Evidencia: el cadáver al pie de la duna, espolvoreado por la arena que arrastra el viento. Y planeando sobre todo ello como una sombra negra, ese vago recuerdo de algo visto o vivido, él mismo arrodillado ante las huellas, reflexionando. Si sólo pudiera recordar, se dice, sería suficiente. De pronto siente la urgencia de regresar tras los muros de la ciudad para hacer las indagaciones oportunas. De enrocarse mientras piensa. Pero antes, sin decir palabra, regresa junto al cadáver, busca en la arena el tirabuzón metálico y se lo mete en el bolsillo.
Fuente: El asedio - Arturo Pérez-Reverte - 2010
Como siempre, Pérez-Reverte no me deja indiferente.
Gran novela que no sería capaz de encuadrar en el género histórico, pero tampoco en el des suspense policiaco, y es que aquí hay de todo. Hay historia, hay intriga, hay amistad, hay amor, hay política... Probablemente una recreación muy próxima a la realidad del Cádiz de 1810-1811.
De esta novela, me impacta sobre todo como consigue llevar hasta el final hilos diferentes dentro de la misma trama conectando a los personajes sutilmente hasta que llega el desenlace; sin duda, muy impactante.
Dosis de realismo, algún que otro comentario irónico y jocoso, con su habitual y peculiar forma narrativa el autor de esta joyita no deja mal sabor de boca.
Aviso a navegantes, si esperan una novela histórica, vaya desilusionándose ya. Hay un gran trabajo de documentación detras de este texto, pero no es sólo historia...

4 Comentarios:
Es precioso!!!
Tiene muy buena pinta, yo también espero leerlo.
Lo siento, pero no puedo estar de acuerdo con tu critica. A mi me parece que el libro desmerece a Cádiz que casi ni se ve en el libro, yo creo que son más tus ganas de verlo que la realidad. ¿Tu siendo de Cádiz no te choca que trate a Cádiz en femenino? ;-)
Por cierto, que mi opinión la tengo puesta en mi blog invisible ;-)
http://destripandolibros.blogspot.com/2010/04/el-asedio-arturo-perez-reverte-2010.html
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