lunes, 12 de abril de 2010

Te cambio un dibujo por un puñado de palabras... - Capítulo Cuatro: Sin pensar en el pasado


Alguien dijo que en el amor y en la guerra todo vale, todo es lícito. Y como no, si hay un ganador, alguien siempre sale herido o perdedor en la batalla.
Si hablamos de corazones podemos encontrárnoslos de todo tipo: alegres, tristes, colmados, ansiosos, dubitativos, confiados, esperanzados y pesimistas… Y cada uno tiene sus razones para estar así.

Hay quien aún cree en el amor, en el poder encontrar a una persona que te ame como tú la amas, para toda la vida. Hay quien ya ha encontrado a su otra mitad, con quien compartir su vida, o por lo menos, con quien vivirla en este momento. Hay por ahí quien, después de muchas idas y venidas, ha perdido la confianza y la ilusión y arremete armas contra todo aquello que aspire a colarse en cualquier resquicio que tenga su voluntad y su corazón, sin dejar margen a que penetre ni una sola pizca de esperanza que le devuelvan las ganas de amar.

Probablemente sean este último grupo el que más nos atañe, y es que casi todos hemos pasado por ese aro. Una desilusión, un engaño, una pérdida, o simplemente dejar de querer. Ese camino cansa y nos predispone a no fiarnos de quién llama de buenas maneras a nuestra puerta. Todos hemos cerrado sin prestar atención a quién venía reclamando atención, no hemos escuchado lo que quería contar esa persona; y lo peor de todo, no hemos dado la oportunidad de mostrarnos aquello que tenía para ofrecernos. No hay peor amante que el que no se deja querer.

Las heridas sólo cicatrizan con el tiempo. Estoy segura de que un buen médico nos diría que curar a la vieja usanza no es perjudicial siempre que la herida no se infecte, y para eso hace falta un tratamiento. Con el corazón ocurre lo mismo, siempre que lo veamos como un pequeño arcón donde guardar sentimientos.
En nuestro pequeño baúl especial guardamos diferentes emociones, las hay buenas y las hay malas. Y las preocupantes son las malas, como los virus, que si los dejas campar a sus anchas en un espacio cerrado, cuando vienes a darte lo único que encuentras son los restos de algo que hubo en ese lugar. Lo malo siempre contamina a lo bueno si no se pone remedio a tiempo.

Hay emociones nocivas, que contagian a los sentimientos buenos y sanos; el ego herido, la rabia, el desprecio, el engaño, la pena, el orgullo… Todos ellos nos infectan y hacen que esa parte que quiere confiar en lo bueno se vaya haciendo más pequeña cada vez. ¿Quién no ha pasado por una situación así? Hoy en día todos nos hemos sentido mal “por culpa del amor”. Aunque realmente creo que esa expresión está mal hecha. Lo que nos hace sufrir es el miedo a perder o la pérdida en sí de algo que creíamos seguro, nuestro. El amor no hace daño, el amor engrandece y nos hace querer ser mejores.
Como mecanismo de defensa, se alicatan corazones y se cierran candados, para no volver a beber de esa última copa que nos dejo el sabor amargo de la pérdida, el engaño o el rechazo. Se construyen defensas espartanas y se levantan muros de acero, con advertencias en letreros rojos y bien grandes de “Prohibido el paso”. Como si no hubiera quedado ya bastante claro que no queremos arriesgar una carta de esa baraja y preferimos dejar de jugar. Descorazonados, desesperanzados, personas que creemos que ya no merece la pena amar, ni darle a nadie esa oportunidad de hacer de cada día uno diferente, especial y maravilloso. Y no, todos los momentos serán buenos, pero hasta los malos momentos saben mejor si es en compañía de alguien que te ve de forma distinta a como te mira el resto del mundo.

También puede suceder que nunca nos enteremos de que nos quisieron con el alma, a bocajarro, sin límites ni exigencias. Simplemente hay quien amamos, o casi veneramos a otra persona y nos lo guardamos para nosotros. ¿Un secreto? Lo veo más bien como una forma de cobardía, falta de coraje para admitir un reto y que nos rechacen. Sólo el valiente asume el desafío y el resultado que pueda tener, ya sea ventajoso o dañino.
Quizá, por un casual, por no hablar, nunca nos enteremos de esa persona a la que queremos sienta lo mismo por nosotros, que el sentimiento sea correspondido. Pero claro, eso sería empezar a asumir una guerra que más que dar, puede hacernos perder. Aceptar una contienda para luchar e ir ganando día a día con mil y una batallas, y lo más difícil de todo, acompañado de otro compañero de armas, que defienda lo mismo que nosotros. Y es que nadie dijo que esto fuera fácil, será mejor o peor, pero no creo que sea fácil. Y asumir ese reto es un plato del que no todo el mundo quiere comer.

Después están los que nos exponemos, los que confiamos y luchamos por lo que “queremos”. A nosotros también nos han hecho daño, nos han herido, también hemos perdido partidas de este juego caprichoso. Y sin embargo, aún estamos ahí, esperando, batallando… Corazones que creemos que si algo se fue es porque tiene que venir algo mejor. Corazones esperanzados que estamos esperando esa oportunidad para amar. Corazones que hemos aprendido de los palos, que hemos salido escaldados, y aún tenemos ganas de que la vida nos haga un guiño. Corazones arriesgados, que aún teniendo miedo, somos valientes y apostamos por algo que no es seguro, simplemente es algo en lo que creemos. Corazones valerosos que algún día ganaremos una batalla que dará comienzo a una guerra; quizá no sea eterna, quizá sólo sea temporal, pero estamos seguros de que siempre nos traerá algo bueno… Somos corazones que aún pudiendo levantar tapias y tapar agujeros de puertas para adentro, preferimos exponernos y darle a la suerte la oportunidad de aparecer y darnos ese As.

Alguien me dijo hace algún tiempo que todos rechazamos y a todos nos rechazan, todos herimos y a todos nos hieren, todos amamos y a todos nos aman, todos sufrimos y todos hacemos sufrir… Y es que es un bucle donde lo que yo siento ahora, mañana lo puedo hacer sentir.
Y por eso, después de una guerra perdida, ponemos nuestro corazón herido a curar, lo dejamos al aire libre para que se ventile, para que le sanen las magulladuras. Lo tendemos al Sol para que lo caliente y así se reponga, dispuesto a asumir una nueva guerra cuando se presente la ocasión. Porque más gana el que arriesga que el que ni si quiera intenta jugar.

Vanesa Martín - Cada uno por su lado


Cada uno por su lado sin pensar en el pasado y lo que les llegará.
Él se pasa entre sus cuadros horas muertas y sus pinceles dicen lo que él no dirá.
Ella y su filosofía, sus diseños y sus días siempre mirando el reloj.
Ella que no peca nada cuando muerde la manzana ella está mucho mejor.
Él es algo mas callado de estos chicos reservados, un poco conservador.
Ella siempre fue una loca, pero eso ya no toca tiene roto el corazón.
Ella que ya no se fía, aparentando ser fría, confundiendo sin temor.
Él un poco mas ingenuo, confiado pero tierno, en potencia un seductor.

Mira cómo se da, se da, mira como nos damos, cómo sin conocernos, sin saber que existes de pronto te ví.

Mira cómo se da, se da, secretos compartidos, te dí mi calendario, mi miedo mas mío, mi resurrección.

Con su nombre y una idea, cuatro horas y en su mente puesta volverla a encontrar.
Hizo eso de llamo y cuelgo, para ver si reconoce su voz del contestador.
Pero a la segunda espera, una voz suena serena y no pudo colgar.
Titubeos y el descaro de llamar sin pensarlo, no lo quiso evitar.

Mira cómo se da, se da, mira como nos damos, cómo sin conocernos, sin saber que existes de pronto te ví.

Mira cómo se da, se da, secretos compartidos, te dí mi calendario, mi miedo mas mío, mi resurrección.


Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres
Música: Vanesa Martín - Cada uno por su lado

2 Comentarios:

Manu dijo...

Enhorabuena!! Lo has plasmado a la perfección.
Un Beso

Anónimo dijo...

no esta mal del todo.

corazones en la ventana eh, cuando hay heridas hasta las caricias duelen, aunk yo creo que cada uno se crea su paranoia y mas que una herida es una escusa, en fin, k sabre yo de esto del amor.