martes 30 de marzo de 2010

Te cambio un dibujo por un puñado de palabras... - Capítulo Tres: Vente conmigo que te voy a mostrar...


Desconectando en tres, dos, uno… Fuera.
Adiós unión con el mundo. Este ratito es sólo para mí. Bueno, quizás a ti te esté dejando entrar en un rinconcito reservado para un espectador anónimo y curioso.
Pero mantén el silencio, vamos a quedarnos calladitos que esto que estoy viendo es el Paraíso, y para disfrutarlo bien, sólo quiero oír el balanceo de las barquillas y el roce de las olas con la orilla. Son caricias que nos trae esta playa, que está constantemente metiéndole mano a unas pieras que llevan como nombre el reflejo del Sol en sus cantos…

Aquí estoy sentada. Hoy me he traído un bloc de dibujo donde tracito a trazo voy plasmando lo que veo, mi arma sólo es lápiz afilado. Un atardecer maravilloso, rayos de sol que definen mil contornos y dibujan otras tantas sombras. Y poquito a poco, van apareciendo formas familiares. ¿Cuántas tardes he pasado aquí con un libro en las manos sintiendo la brisa marina? O simplemente con música en los oídos, ya sea una copla de Carnaval o el último disco de Manolo García. Tiempo invertido en despejar la mente, mirar con otros ojos la realidad, cambiando de perspectiva. Regalando suspiros al aire, respirando mar y calma.

El pelo recogido, que no moleste, que no estorbe. Para que el viento suave surque cada contorno de mi cara, y en su ir y venir se trae unas gotitas de agua bendita que me baña y purifica, salada, fresca.
Y yo aquí en esta balaustrada de piernas cruzadas, que acaricio un papel para no estropear lo que ya veo contorneado. A ratitos paro y me dejo llevar por la música, contemplando esa imagen de mi rincón favorito. Esa escapada perfecta del mundo. Aquí terminan los problemas… Aquí los miedos no existen.

No me olvido de ti, paciente espectador. ¿Lo ves? Es mágico, es especial. La vida se para en este lugar. Toma, que te invito a un café calentito mientras te leo unas hojas de ese libro que me acompaña. No es que sea relevante que libro es, uno cualquiera. Lo que importa es que estamos aquí, tú y yo. Y te estoy mostrando un paraíso terrenal, no esperes que haya otro divino, confórmate con este que no es poco, deja volar tu imaginación y vívelo.

Vamos a perdernos con una ola cualquiera que nos trae ese poniente travieso, vamos a seguirla hasta ver como se convierte en un blanco espumoso al contacto con la arena, jugando con las columnas de ese tesoro escondido en esta playa. Lametones salvajes y apasionados, manos que no dejan de tocarse.
¿Te gusta lo que ves? Una calita custodiada por dos castillos, para que los niños se inspiren construyendo fortalezas con millones de granos dorados, para que los ojos se deleiten mientras recorren cada adoquín que traza su camino. Un camino que lleva a un destino verde brillante, donde se respira pureza y vida. Sí, en mi hoja adquieren envergadura, se alzan imponentes y defienden de intrusos una puesta de sol teñida de naranjas y violetas. ¿Y cómo pongo yo todo esto en un papel shiquillo? Quizás te apetezca una cervecita, vamos a por ella.

Y como en todo castillo, hay reyes, reinas, una monarquía submarina que habitan cientos de escondrijos ocultos y secretos bajo este mar de plata. Que ya lo decía el poeta, que aquí viven como reinas las mojarritas. ¿Cómo no van a vivir como reinas?
Entre risas y lágrimas, a saber cuántos besos perdidos han visto. A la luz de la luna, en un amanecer cualquiera, un Sol que se pierde por el horizonte, y dos miradas que se cruzan diciéndoselo todo sin pronunciar una palabra. Que hay veces que no hacen falta las palabras para hablar, que sólo hay que saber ver… Más caricias, tantas que no se pueden contar, tantas como quieras imaginar, y todas son para las mismas protagonistas: un centenar de barquitos que se mecen al son de unas palmas por alegrías.

Vamos de vuelta de nuestro paseo compañero, te voy a pedir que te quedes aquí conmigo un ratito más. Nos vamos a quedar así, un ratito nada más. Presta atención a los acordes de esa guitarra, ahora todo lo que se te pase por la mente es posible. Todo lo que te ata de pies y manos, eso que no te deja volar, se desvanece. Eres libre, aunque sea por un pequeño instante. Disfruta de este momento, estás cruzando un límite, en una tarde cualquiera, todo tuyo amigo.

Ahí está, congelado en un instante, el último rayo que ilumina el cielo. Con ese me quedo, algo irrepetible, porque mañana nada estará como hoy. Capturada la imagen en mi mente, aguántala bien que no se escape niño, que ese momento es el que quiero dibujar. Y cuando me doy cuenta, he trazado mil líneas mientras me deleitaba contigo Tacita y ahora te tengo aquí reducida a un atardecer en la Caleta que encierran tantos pensamientos como rayas te dan esa silueta tan linda y tan tuya.

Se ha ido el calor y empieza a notarse el fresquito llegar con la caída de la noche. Oscurece rápido aquí. Nos vamos a tener que ir, pero si quieres, te prometo darme otra vueltecita contigo por aquí. Y si no, búscame, que ya sabes dónde encontrarme…

Manolo García - Serena barca


En un carnaval, Cádiz de la chirigota,
de manos que buscan el amor en gotas de mistela.
Sobre las caderas de la noche marinera,
al titilante brillo del vals del oleaje.
En la ensenada azul donde mi amada espera,
que amurada a la espuma, de gozo reverbera.

Serena barca en la que rema mi reina,
reina de mares, de las finas dagas.
Serena barca en la que reina mi amada,
que brilla Cádiz de mimbre y damajuanas.

Fue en un carnaval de ese Cádiz chico,
azar de siemprevivas,
espejo de alondras en sus cielos.
Y patria, ese lugar donde el espíritu apacenta
entre sueños engarzados en fenicias anclas,
o pueblos marineros.
O en un paisaje azul de pájaros y oteros.

Serena barca en la que rema mi amada,
reina de mares de las finas dagas.
Serena barca en la que reina mi amada.
Santa María, puerto de lindas damas.


Imagen: Sergio Gil Corrales
Texto: Dina El Ghoulbzouri Torres
Música: Manolo García - Serena barca

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias...