martes 30 de junio de 2009

Alicia a través del espejo


--No te quedes ahi charloteando contigo misma --recriminó Zanco Panco, mirándola por primera vez-- dime más bien tu nombre y profesión.
--Mi nombre es Alicia, pero...
--¡Vaya nombre más estúpido! --interrumpió Zanco Panco con impaciencía. --¿Qué es lo que quiere decir?
--¿Es que acaso un nombre tiene que significar necesariamente algo? --preguntó Alicia, nada convencida.
--¡Pues claro que sí! --replicó Zanco Panco soltando una risotada: --El mío significa la forma que tengo... y una forma bien hermosa que se es. Pero con ese nombre que tienes, ¡podrías tener prácticamente cualquier forma!
--¿Por qué está usted sentado aquí fuera tan solo? --dijo Alicia que no quería meterse en discusiones.
--¡Hombre! Pues por que no hay nadie que esté conmigo --exclamó Zanco Panco. --¿Te creiste acaso que no iba a saber responder a eso? Pregunta otra cosa.
--¿No cree usted que estaría más seguro aqui abajo, con los pies sobre la tierra? --continuó Alicia, no por inventar otra adivinanza sino simplemente porque estaba de verdad preocupada por la extraña criatura. --¡Ese muro es tan estrecho!
--¡Pero qué adivinanzas tan tremendamente fáciles que me estás proponiendo! --gruñó Zanco Panco.
--¡Pues claro que no lo creo! Has de saber que si alguna vez me llegara a caer... lo que no podría en modo alguno suceder... pero caso de que ocurriese... --y al llegar a este punto frunció la boca en un gesto tan solemne y fatuo que Alicia casi no podía contener la risa. --Pues suponiendo que yo llegara a caer --continuó-- el Rey me ha prometido..., ¡ah! ¡Puedes palidecer si te pasma! ¡a que no esperabas que fuera a decir una cosa así, eh? Pues el Rey me ha prometido..., por su propia boca..., que..., que...
--Que enviará a todos sus caballos y a todos sus hombres --interrumpió Alicia, muy poco oportuna.
--¡Vaya! ¡No me faltaba más que esto! --gritó Zanco Panco súbitamente muy enfadado. --¡Has estado escuchando tras las puertas..., escondida detrás de los árboles..., por las chimeneas..., o no lo podrias haber sabido!
--¡Desde luego que no! --protestó Alicia, con suavidad. --Es que está escrito en un libro.
--¡Ah, bueno! Es muy posible que estas cosas estén escritas en algún libro --concedió Zanco Panco, ya bastante sosegado. --Eso es lo que se llama una Historia de Inglaterra, más bien. Ahora, ¡mírame bien! Contempla a quien ha hablado con un Rey: yo mismo. Bien pudiera ocurrir que nunca vieras a otro como yo; y para que veas que a pesar de eso no se me ha subido a la cabeza, ¡te permito que me estreches la mano!
Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una amplia sonrisa que le recorría la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano, pero observándolo todo con mucho cuidado: --Si sonriera un poco más pudiera ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás --pensó-- y entonces, ¡qué no le sucedería a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le desprendería!

--Pues sí señor, todos sus caballos y todos sus hombres --continuó impertérrito Zanco Panco --me recogerían en un periquete y me volverían aquí de nuevo, ¡así no más! Pero..., esta conversación está discurriendo con excesiva rapidez: volvamos a lo penúltimo que dijimos.
--Me temo que ya no recuerdo exactamente de qué se trataba --señaló Alicia, muy cortésmente.
--En ese caso, cortemos por lo sano y a empezar de nuevo --zanjó la cuestión Zanco Panco-- y ahora me toca a mí escoger el tema... (--Habla como si se tratase de un juego-- pensó Alicia)... así que he aquí una pregunta para ti: ¿qué edad me dijiste que tenías?
Alicia hizo un pequeno cálculo y contestó: --Siete años y seis meses.
--¡Te equivocaste! --exclamó Zanco Panco, muy ufano. --¡Nunca me dijiste nada semejante!
--Pensé que lo que usted quería preguntarme era más bien «¿qué edad tiene?» --explicó Alicia.
--Si hubiera querido decir eso, lo habría dicho, ¡ea! --replicó Zanco Panco.
Alicia no quiso ponerse a discutir de nuevo, de forma que no respondió nada.
--Siete años y seis meses... --repetía Zanco Panco, cavilando. --Una edad bien incómoda. Si quisieras seguir mi consejo te diría «deja de crecer a los siete»..., pero ya es demasiado tarde.
--Nunca se me ha ocurrido pedir consejos sobre la manera de crecer --respondió Alicia, indignada.
--¿Demasiado orgullosa, eh? --se interesó el otro.
Alicia se sintió aún más ofendida por esta insinuación.
--Quiero decir --replicó-- que una no puede evitar el ir haciéndose más vieja.
--Puede que una no pueda --le respondió Zanco Panco --pero dos, ya podrán. Con los auxilios necesarios podrías haberte quedado para siempre en los siete años.
--¡Qué hermoso cinturón tiene usted! --observo Alicia súbitamente (pues pensó que ya habían hablado más que suficientemente del tema de la edad; y además, si de verdad iban a turnarse escogiendo temas, ahora le tocaba a ella). --Digo más bien... --se corrigió pensándolo mejor-- qué hermosa corbata, eso es lo que quise decir...no, un cinturón, me parece... ¡Ay, mil perdones: no sé lo que estoy diciendo! --añadió muy apurada al ver que a Zanco Panco le estaba dando un ataque irremediable de indignación, y empezó a desear que nunca hubiese escogido ese tema. --¡Si solamente supiera --concluyó para sí misma-- cual es su cuello y cuál su cintura!
Evidentemente, Zanco Panco estaba enfadadísimo, aunque no dijo nada durante un minuto o dos. Pero cuando volvió a abrir la boca fue para lanzar un bronco gruiñido.
--¡Es... el colmo... del fastidio --pudo decir al fin-- esto de que la gente no sepa distinguir una corbata de un cinturón!
--Sé que revela una gran ignorancia por mi parte --confesó Alicia con un tono de voz tan humilde que Zanco Panco se apiadó.
Es una corbata, niña; y bien bonita que es, como tu bien has dicho. Es un regalo del Rey y de la Reina. ¿Qué te parece eso?
--¿De veras? --dijo Alicia encantada de ver que había escogido después de todo un buen tema.
--Me la dieron --continuó diciendo Zanco Panco con mucha prosopopeya, cruzando un pierna sobre la otra y luego ambas manos por encima de una rodilla-- me la dieron... como regalo de incumpleaños.
--¿Perdón? --le preguntó Alicia con un aire muy intrigado.
--No estoy ofendido --le aseguró Zanco Panco.
--Quiero decir que, ¿qué es un regalo de incumpleaños?
--Pues un regalo que se hace en un día que no es de cumpleanos, naturalmente.
Alicia se quedó considerando la idea un poco, pero al fin dijo: --Prefiero los regalos de cumpleanos.
--¡No sabes lo que estás diciendo! --gritó Zanco Panco--. --A ver: ¿cuántos días tiene el año?
--Trescientos sesenta y cinco --respondió Alicia.
--¿Y cuántos días de cumpleaños tienes tú?
--Uno.
--Bueno, pues si le restas uno a esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
--Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Zanco Panco no parecía estar muy convencido de este cálculo. --Me gustaría ver eso por escrito --dijo.
Alicia no pudo menos de sonreir mientras sacaba su cuaderno de notas y escribia en él la operación aritmética en cuestión:

365
-1
-----
364


Zanco Panco tomó el cuaderno y lo consideró con atención. --Sí, me parece que está bien... --empezó a decir.
--Pero, ¡si lo está leyendo al revés! --interrumpió Alicia.
--¡Anda! Pues es verdad, ¿quién lo habría dicho? --admitió Zanco Panco con jovial ligereza mientras Alicia le daba la vuelta al cuaderno. --Ya decía yo que me parecía que tenía un aspecto algo rarillo. Pero en fin, como estaba diciendo, me parece que está bien hecha la resta... aunque, por supuesto no he tenido tiempo de examinarla debidamente... pero, en todo caso, lo que demuestra es que hay trescientos sesenta y cuatro días para recibir regalos de incumpleaños...
--Desde luego --asintió Alicia.
--¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!
--No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» --observó Alicia.
Zanco Panco sonrió despectivamente.
--Pues claro que no..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».
--Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» --objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra --insistió Zanco Panco con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
--La cuestión --insistió Alicia-- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
--La cuestión --zanjó Zanco Panco-- es saber quién es el que manda..., eso es todo.

Fuente: Alicia a través del espejo - Lewis Carroll - 1973

Alicia y su ajedrez, sin duda, me gusta más que la primera parte.

sábado 27 de junio de 2009

LOL (Laughing Out Loud) - La película


Los hombres que no amaban a las mujeres es la adapatación de la novela de Stieg Larsson.

LOL son las siglas de “Laughing out loud” (muerto de risa) en la jerga de Internet. Y así llaman a Lola (Christa Theret) sus amigos. Sin embargo, el día de la vuelta al instituto después del verano, Lola no tiene ningunas ganas de reírse: Arthur (Félix Moati), su amigo, la provoca diciéndole que la ha engañado durante las vacaciones.

Y su pandilla tiene la virtud de complicarlo todo, como su madre, Anne (Sophie Marceau), con la que cada vez le resulta más difícil hablar de sus cosas, y no sólo porque no sabe lo que significa LOL... Todo se complica, Lola cree estar enamorada de su mejor amigo, su madre se ve en secreto con su ex marido mientras coquetea con un policía y el diario de Lola parece haber sido descubierto... y leído.

TÍTULO: LOL (Laughing Out Loud)
TÍTULO ORIGINAL: LOL (Laughing Out Loud)
GÉNERO: Comedia
DIRECTOR: Lisa Azuelos
GUION: Lisa Azuelos y Nans Delgado
REPARTO: Sophie Marceau (Anne), Christa Theret (Lola), Jocelyn Quivrin (Antoine), Alexandre Astier (Alain), Françoise Fabian (madre de Anne), Jérémy Kapone (Maël), Marion Chabassol (Charlotte), Lou Lesage (Stéphane), Emile Bertherat (Paul-Henri), Félix Moati (Arthur).
ESTRENO: 26/06/2009
NACIONALIDAD: Francia

Os dejo el trailer de la película:



Recomendación: Entretenida, graciosa, dinámica y con una buena banda sonora, no ha estado mal para una noche de viernes aburrida. He pasado un buen rato. Una cosa increible, estar sola en una sala para 300 personas el día del estreno de una película. Asombroso.

Manolo García - Sin que sepas de mí



Manolo García - Sin que sepas de mí

No puedo obligarte a que me quieras.
Sabe dios que no puedo dejar de quererte.
La espina del dolor rasga mi pecho.
Sé que no te alejará la niebla de los días.

No hay un solo motivo por el que quiera olvidarte.
Seré, sin molestarte, sin que sepas de mí,
gozne que hará girar la puerta de tu sueño.
Sé que no me olvidarás.
Sé que no te olvidaré en la niebla de los días.

Seré, sin que sepas de mí.
Seré lo que yo quiera ser.
El deseo en los besos que des.
Seré lo que tu quieras ser.
Seré. Sin que sepas de mí.
El guante que cubra tu mano,
La mano que arañe tu espalda,
Alfanje a tu cuerpo ceñido,
Seré en tus labios, su fina curva.

A tu hoguera de pavesas llego y soy bien recibido.
Bebe y llénate la copa que te ofrezco siendo otro.
No te guardo rencor porque hayas abandonado.
Sé que no te alejarás. Sé que no te alejarás,
Vives tras tu muralla.

Seré, sin que sepas de mí.
Seré lo que yo quiera ser.
El deseo en los besos que des.
Seré lo que tu quieras ser.
Seré, sin que sepas de mí.
Seré lo que yo quiera ser.
El guante que cubre tu mano,
La mano que araña tu espalda
Alfanje a tu cuerpo ceñido
Seré en tus labios, su fina curva.

Seré trino irisado de jade
Nazarí, palabra de poeta,
Alfanje bruñido en siglos,
Blanco de lirios. Aljibe y agua.

martes 23 de junio de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres - La película


Los hombres que no amaban a las mujeres es la adapatación de la novela de Stieg Larsson.

Hace 40 años, Harriet Vanger desapareció de una reunión familiar en una isla que pertenece y es habitada por el poderoso clan Vanger. Su cuerpo nunca se encontró; sin embargo, su tío está convencido de que fue asesinada, y de que el asesino es un miembro de su propia familia. Entonces contrata a Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), periodista caído en desgracia, y a la hacker informática Lisbeth Salander (Noomi Rapace) para investigar el caso.

Será cuando la pareja relaciona la desaparición con unos grotescos asesinatos de hace cuarenta años cuando comiencen a desentrañar una oscura y horrible historia familiar. Pero los Vanger son una familia reservada, y Blomkvist y Salander están a punto de averiguar lo lejos que están dispuestos a llegar para protegerse. "Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres" es la primera parte de la trilogía de novelas "Millennium", escrita por Stieg Larsson.

TÍTULO: Los hombres que no amaban a las mujeres
TÍTULO ORIGINAL: Män som hatar kvinnor
GÉNERO: Thriller
DIRECTOR: Niels Arden Oplev
GUION: Nicolaj Arcell y Rasmus Heisterberg
REPARTO: Michael Nyqvist (Mikael Blomkvist), Noomi Rapace (Lisbeth Salander), Lena Endre (Erika Berger), Sven-Bertil Taube (Henrik Vanger), Peter Haber (Martin Vanger), Peter Andersson (Nils Bjurman), Marika Lagercrantz (Cecilia Vanger), Ingvar Hirdwall (Dirch Frode), Björn Granath (Gustav Morell), Ewa Fröling (Harriet Vanger).
ESTRENO: 29/05/2009
NACIONALIDAD: Suecia
PÁGINA WEB: http://www.loshombresquenoamabanalasmujeres.es/

Os dejo el trailer de la película:



Recomendación: No llegué a leerme el libro antes de verla en el cine, sorprendente el argumento. Si el libro es igual de bueno, entiendo que enganche tanto.

Cometas en el cielo


Todos los inviernos, en los diversos barrios de Kabul se celebraba un concurso de lucha de cometas. Para cualquier niño que viviese en Kabul, el día del concurso era sin lugar a dudas el punto álgido de la estación fría. La noche anterior al concurso yo nunca conseguía dormir. Daba vueltas de un lado a otro, hacía sombras chinescas en la pared e incluso salía a la terraza en plena noche envuelto en una manta. Me sentía como el soldado que intenta conciliar el sueño en la trinchera la noche anterior a una batalla importante. Y lo cierto es que no difería mucho. En Kabul, las luchas de cometas eran un poco como ir a la guerra.
Como en cualquier guerra, era necesario prepararse para la lucha. Hassan y yo estuvimos construyendo nuestras propias cometas durante una buena temporada. Ahorrábamos la paga semanal a lo largo del otoño y guardábamos el dinero en el interior de un pequeño caballo de porcelana que Baba nos había traído en una ocasión de Herat. Cuando empezaban a soplar los vientos invernales y a caer nieve, abríamos el cierre situado bajo la panza del caballo. Luego íbamos al bazar y comprábamos bambú, cola, hilo y papel. Pasábamos muchas horas del día dedicados a pulir el bambú de las vergas centrales, a cortar el fino tejido de papel que facilitaba las caídas en picado y el remonte. Y, por supuesto, fabricábamos nosotros mismos nuestro propio hilo, o tar. Si la cometa era la pistola, el tar era la bala guardada en la recámara. Salíamos al jardín y sumergíamos hasta ciento cincuenta metros de hilo en una mezcla de vidrio y cola. Luego tendíamos el hilo entre los árboles y lo dejábamos secar. Al día siguiente enrollábamos el hilo, listo ya para la batalla, en un carrete de madera. Antes de que la nieve se fundiera e hicieran su aparición las lluvias primaverales, todos los niños de Kabul lucían en los dedos reveladores cortes horizontales resultado de un invierno entero de luchas con cometas. Recuerdo cómo nos apretujábamos mis compañeros y yo el primer día de clase para comparar nuestras heridas de guerra. Los cortes escocían y tardaban un par de semanas en cicatrizar; pero no importaba, eran el recordatorio de una estación adorada que, una vez más, había transcurrido con excesiva rapidez. Entonces el capitán de la clase hacía sonar el silbato y desfilábamos hacia las aulas, deseando desde ese mismo instante la llegada del nuevo invierno, y tristes ante la expectativa del nuevo y largo curso escolar.
Pronto resultó evidente que Hassan y yo éramos mejores voladores de cometas que fabricantes. Siempre había un fallo u otro en el diseño que nos arruinaba la cometa. Así que Baba empezó a acompañarnos al establecimiento de Saifo para comprar allí las cometas. Saifo era un anciano prácticamente ciego, moochi de profesión, zapatero, pero también el fabricante de cometas más famoso de la ciudad y dueño de un taller localizado en un diminuto tugurio de una de las calles principales de Kabul, Jadeh Maywand, al sur de las fangosas orillas del río Kabul. Recuerdo que para entrar en la tienda, que tenía el tamaño de una celda, era necesario agacharse y luego levantar una trampilla que daba acceso a un tramo de escaleras de madera que descendían hasta el húmedo y malsano sótano donde Saifo almacenaba sus codiciadas cometas. Baba nos compraba a cada uno tres idénticas y un carrete de hilo recubierto de vidrio. Si yo cambiaba de idea y pedía una cometa más grande y lujosa, Baba me la compraba..., pero también se la compraba a Hassan. A veces deseaba que no actuara de esa manera, que me permitiera por una vez ser el favorito.
Las luchas de cometas eran una antigua tradición de invierno en Afganistán. El concurso comenzaba a primera hora de la mañana y no terminaba hasta que una única cometa volaba en el cielo, la ganadora (recuerdo que un año el concurso se prolongó hasta la noche). La gente se congregaba en las aceras y en las azoteas para animar a los niños. Las calles se llenaban de luchadores de cometas que empujaban y tiraban de los hilos, entornando los ojos hacia el cielo en su intento de ganar la posición y conseguir cortar el hilo del contrincante. Cada luchador de cometas tenía su ayudante (en mi caso, el fiel Hassan), que era el encargado de sujetar el carrete y soltar el hilo.
En una ocasión, un mocoso hindú que acababa de trasladarse al barrio nos explicó que en la India las luchas de cometas seguían reglas muy estrictas. «Se juega en un recinto cerrado y debes permanecer en todo momento formando el ángulo correcto con el viento —decía orgulloso—. Y está prohibido utilizar aluminio para fabricar el hilo de vidrio.» Hassan y yo nos miramos y nos abalanzamos sobre él. El niño hindú aprendería muy pronto lo que los británicos descubrieron a principios de siglo y los rusos a finales de la década de los ochenta: que los afganos son un pueblo independiente. Los afganos cuidan y protegen las costumbres, pero aborrecen las reglas. Y así sucedía con las luchas de cometas. Las reglas eran sencillas: nada de reglas. Vuela tu cometa. Corta los hilos de las de los contrincantes. Buena suerte.
Pero la cosa no acababa ahí. La verdadera diversión comenzaba en el momento en que se cortaba una cometa. Era entonces cuando los voladores de cometas entraban en acción, niños que perseguían la cometa, que volaba a la deriva, a merced del viento, por las alturas hasta que empezaba a dar trompos y caía en el jardín de alguna casa, en un árbol o en una azotea. La persecución era intensa; hordas de voladores de cometas hormigueaban por las calles, abriéndose paso a empujones, igual, según he leído, que esa gente loca de España que corre delante de los toros. Un año, un uzbeko trepó a un pino para coger una cometa. La rama se partió bajo su peso y cayó desde una altura de nueve metros. El muchacho se rompió la columna y nunca volvió a caminar. Pero cayó con la cometa entre las manos. Y cuando un volador de cometas tenía una cometa en las manos, nadie podía usurpársela. No era una regla. Era una tradición.
El premio más codiciado por los voladores de cometas era la última cometa que caía en los concursos de invierno. Era un trofeo de honor, algo que se mostraba sobre un manto para que lo admiraran los invitados. Cuando el cielo se despejaba de cometas y sólo quedaban las dos últimas, todos los voladores se preparaban para conseguir ese trofeo. Se colocaban en el punto donde juzgaban que podían tener cierta ventaja inicial, con los músculos tensos y preparados para rendir al máximo. El cuello estirado. Los ojos entrecerrados. Luego se declaraba la lucha. Y en el instante en que se cortaba la última cometa, se desataba un infierno.Con los años he visto volar muchas cometas a muchos chicos. Pero Hassan era, de lejos, el mejor que he visto en mi vida. Siempre estaba en el punto exacto donde aterrizaba la cometa. Era un verdadero misterio, como si poseyera una especie de brújula interna.

Fuente: Cometas en el cielo - Khaled Hosseini - 2003

Realista, dramático. Especial.
Refleja uduana situación real dura, cuenta la historia de dos niños, dos personas unidas a través del tiempo por haber crecido juntas.
Un bonito libro sobre otra cultura.
Recomendadísimo.

domingo 21 de junio de 2009

Río Hozgarganta

El Hozgarganta es un río español que nace en la provincia andaluza de Málaga y transcurre durante casi todo su trayecto a través la comarca del Campo de Gibraltar, con todo su recorrido por el interior del Parque natural de Los Alcornocales donde forma un interesante ecosistema de bosque de ribera. Tiene una longitud de 35 km. Nace en La Sauceda, a los pies del monte Algibe, y vierte sus aguas en en río Guadiaro del que es afluente.

Perteneciente a la cuenca hidrográfica del Sur este río es considerados el último virgen de Andalucía al no tener embalses desde su nacimiento hasta su desembocadura. A pesar de ello hace años que se estudia la construcción de una presa a la altura de Jimena de la Frontera aunque informes medioambientales desaconsejan estas infraestructuras así como el trasvase del excedente de agua en este río de acusado estiaje. Aún con esto los depósitos aluviales asociados a su cauce, formados por arcillas, arenas, limo y gravas, dan lugar a un acuífero que abastece en parte a las poblaciones de Jimena de la Frontera, San Pablo de Buceite, San Martín del Tesorillo El curso alto del río pierde gran parte de su caudal durante los meses de verano manteniendo gran cantidad de charcas permanentes que sustentan a la fauna local.

SENDERO SEÑALIZADO RÍO HOZGARGANTA

Longitud: 3 Km
Dificultad: Baja
Tiempo estimado: 2:00 horas

El sendero discurre por los alrededores de este río y muy cerca del pueblo de Jimena de la Frontera. Nos permite reconocer una forma de energía limpia y tradicional para nuestros antepasados, los molinos. Nos encontraremos un enorme canal de agua, el Cao. Éste fue construido a finales del siglo XVIII para hacer funcionar una fundición de hierro conocida como la Fábrica de bombas, que sirvió para asediar Gibraltar y posteriormente fue reconvertido para la muela de trigo.


Impresiones: Una ruta de senderismo entretenida y muy vistosa, sigue al completo el transcurso del río Hozgarganta mezclando un paisaje verde con zonas de piedra abrupta. Hacía mucho tiempo que no me iba a hacer un sendero. La compañía ayuda bastante a la hora de realizar el camino, entretenido y divertido. Nada cansado salvo por un par de expediciones que hicimos apartándonos del sendero marcado. Una gran experiencia que culminamos con un largo baño en la última poza de río, dónde la naturaleza en su máxima expresión nos acompañó y nos dio descanso.

Revolver - Y pasa el tiempo



Revolver - Y pasa el tiempo

Las cosas parpadean y se mueven
y todo aquello que no tiembla no está vivo
las gaviotas volvieron en diciembre
y ahora vuelan otra vez aquí conmigo.

La distancia la marcamos tu y yo a medias
si procuras no tenerme en el olvido
yo prometo soñarte mientras duerma
y dormir hasta que estés aquí conmigo.

Y pasa el tiempo y mientras pasa considero
que es una falta de respeto y un engaño tan ruin
que cuando al fin ya sé cómo funciona el juego
se me acaban las monedas, ironías de vivir.

Y la espuma de este mar que me marea
mientras rompe con fragor contra mi oído
recordándome con cada nueva ola
que tu estás aunque no estés aquí conmigo.

Y pasa el tiempo y mientras pasa considero
que es una falta de respeto y un engaño tan ruin
que cuando al fin ya sé cómo funciona el juego
se me acaban las monedas, ironías de vivir.

Y es que las cosas parpadean y se mueven
y todo aquello que no tiembla no está vivo
yo temblaré hasta que me muera si así vienes,
vente conmigo.

Y pasa el tiempo y mientras pasa considero
que es una falta de respeto y un engaño tan ruin
que cuando al fin ya sé cómo funciona el juego
se me acaban las monedas, ironías de vivir.

domingo 14 de junio de 2009

La sombra del viento


—Daniel, bien venido al Cementerio de los Libros Olvidados.
Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde lejos, y reconocí los rostros de diversos colegas de mi padre en el gremio de libreros de viejo. A mis ojos de diez años, aquellos individuos aparecían como una cofradía secreta de alquimistas conspirando a espaldas del mundo. Mi padre se arrodilló junto a mí y, sosteniéndome la mirada, me habló con esa voz leve de las promesas y las confidencias.
—Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?
Mi mirada se perdió en la inmensidad de aquel lugar, en su luz encantada. Asentí y mi
padre sonrió.
—¿Y sabes lo mejor? —preguntó.
Negué en silencio.
—La costumbre es que la primera vez que alguien visita este lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo. Es una promesa muy importante. De por vida —explicó mi padre—. Hoy es tu turno.
Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a polvo y a magia. Dejé que mi mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando mi elección. Atisbé, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar. Recorrí pasillos y galerías en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que parecían saber más acerca de mí que yo de ellos. Al poco, me asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un universo infinito por explorar y de que, más allá de aquellos muros, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de fútbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta allí donde alcanza su ombligo y poco más. Quizá fue aquel pensamiento, quizá el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo instante supe que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debiera decir el libro que me iba a adoptar a mí. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color vino y susurrando su título en letras doradas que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Me acerqué hasta él y acaricié las palabras con la yema de los dedos, leyendo en silencio.

La Sombra del Viento
Julián Carax

Jamás había oído mencionar aquel título o a su autor, pero no me importó. La decisión estaba tomada. Por ambas partes. Tomé el libro con sumo cuidado y lo hojeé, dejando aletear sus páginas. Liberado de su celda en el estante, el libro exhaló una nube de polvo dorado. Satisfecho con mi elección, rehíce mis pasos en el laberinto portando mi libro bajo el brazo con una sonrisa impresa en los labios. Tal vez la atmósfera hechicera de aquel lugar había podido conmigo, pero tuve la seguridad de que aquel libro había estado allí esperándome durante años, probablemente desde antes de que yo naciese.
Aquella tarde, de vuelta en el piso de la calle Santa Ana, me refugié en mi habitación y decidí leer las primeras líneas de mi nuevo amigo. Antes de darme cuenta, me había caído dentro sin remedio. La novela relataba la historia de un hombre en busca de su verdadero padre, al que nunca había llegado a conocer y cuya existencia sólo descubría merced a las últimas palabras que pronunciaba su madre en su lecho de muerte. La historia de aquella búsqueda se transformaba en una odisea fantasmagórica en la que el protagonista luchaba por recuperar una infancia y una juventud perdidas, y en la que, lentamente, descubríamos la sombra de un amor maldito cuya memoria le habría de perseguir hasta el fin de sus días. A medida que avanzaba, la estructura del relato empezó a recordarme a una de esas muñecas rusas que contienen innumerables miniaturas de sí mismas en su interior. Paso a paso, la narración se descomponía en mil historias, como si el relato hubiese penetrado en una galería de espejos y su identidad se escindiera en docenas de reflejos diferentes y al tiempo uno solo. Los minutos y las horas se deslizaron como un espejismo. Horas más tarde, atrapado en el relato, apenas advertí las campanadas de medianoche en la catedral repiqueteando a lo lejos. Enterrado en la luz de cobre que proyectaba el flexo, me sumergí en un mundo de imágenes y sensaciones como jamás las había conocido. Personajes que se me antojaron tan reales como el aire que respiraba me arrastraron en un túnel de aventura y misterio del que no quería escapar. Página a página, me dejé envolver por el sortilegio de la historia y su mundo hasta que el aliento del amanecer acarició mi ventana y mis ojos cansados se deslizaron por la última página. Me tendí en la penumbra azulada del alba con el libro sobre el pecho y escuché el rumor de la ciudad dormida goteando sobre los tejados salpicados de púrpura. El sueño y la fatiga llamaban a mi puerta, pero me resistí a rendirme. No quería perder el hechizo de la historia ni todavía decir adiós a sus personajes.

Fuente: La sombra del viento - Carlos Ruiz Zafón - 2001

Demasiado bueno.
Lo empecé a leer con recelo por las buenas críticas que tenía. A las tres páginas perdí la cautela.
Es hasta divertido, me ha arrancado alguna que otra carcajada entre esa interesante trama oscura.

sábado 6 de junio de 2009

Tengo ganas de ti - La película


Tengo ganas de ti es la adapatación de la novela de Federico Moccia.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero ser una continuación no tiene porque significar necesariamente que sea mala, y en este caso es implemente inferior. Ho Voglia Di Te transcurre un par de años después de los acontecimientos narrados en Tre Metri Sopra Il Cielo cuando Step regresa de Estados Unidos y se reencuentra con sus amigos, enemigos y fantasmas del pasado por los que huyó del país. También tiene como origen el escrito literario de Maccio aunque en este caso es más una lacra que una ventaja.
Pronto conoce a una misteriosa chica con la que inicia una relación mientras intenta solucionar su vida poniendo en orden sus objetivos, encuentra un trabajo e inicia una vida de adulto que ha estado aplazando desde hace años.

La desgracia de Ho Voglia Di Te es sin duda su desenlace forzado, forzoso y atropellado más autocomplaciente que satisfactorio. Renuncia al espíritu del Step del primer film y se acomoda en una aburguesada solución bastante mediocre para cerrar una historia que prometía ser interesante y más madura que su antecesora y cosa que consigue con una cierta dignidad hasta llegar al último cuarto de hora de metraje con ese “giro sacado de la manga” que podían haberse ahorrado.

Con el nuevo director desaparece la voz en Off de la radio sustituyéndose por una perfecta banda sonora con los nombres propios de la canción italiana actuales y también se renuncia a los planos enloquecidos de las carreras de motos para colocar la cámara en su lugar correcto y poco arriesgado. De hecho si de algo peca es de poco ambiciosa ya que con sus personajes protagonistas que ya habían cautivado al público se podría haber puesto más carne en el asador.

*El texto descriptivo y crítico de la película procede la siguiente página web.

TÍTULO: Tengo ganas de ti
TÍTULO ORIGINAL: Ho voglia di te
GÉNERO: Comedia romántica
DIRECTOR: Luis Prieto
GUION:
REPARTO: Riccardo Scamarcio, Laura Chiatti, Katy Louise Saunders, Susy Laude, Maria Chiara Augenti, Ivan Bacchi, Filippo Nigro, Claudio Bigagli, Alberto Bof, Anna Flati
ESTRENO: 2007
NACIONALIDAD: Italia
PÁGINA WEB: http://www.hovogliadite.it/

Os dejo el trailer de la película en versión original:



Recomendación: Mejor que la primera, esta segunda parte es más intensa, más divertida, más dramática, más real.

jueves 4 de junio de 2009

Tengo ganas de ti


Algo más tarde. En casa de los Biro.
- Ginevra, ¿puedo entrar?
Gin le abre la puerta de su habitación a su madre.
- ¿Qué pasa, mamá?
- Esta tarde han traído esto para ti.
Rodeada por un gran ramo de rosas rojas, la madre se asoma a su habitación y le sonrie dejándolas sobre la cama.
- ¿Has visto qué bonitas? Y además, mira... hay una rosa blanca en el centro. Sabes qué quiere decir ¿verdad?
- No, ¿qué quiere decir?
- Es una petición de disculpas. ¿Alguien te ha hecho algo, alguien tiene que excusarse?
- No, mamá, está todo bien.
Pero a las madres no se les escapa nada. Además, los ojos enrojecidos de Gin no dejan lugar a dudas.
- Toma... lLe pasa un pañuelo y le sonríe-. Cuando quieras, ven a la mesa.
- Gracias, mamá, pero ahora no me apetece comer.
- Está bien. Pero no te lo tomes muy a pecho. No vale la pena.
Gin sonríe a su madre.
- Ojalá...
Antes de salir, la madre le entrega una nota.
- Toma, esto estaba entre las rosas. Quizá sea la explicación a esa rosa blanca.
- Quizá...
La madre la deja sola, sola con su dolor, sola con sus flores, sola con la nota. Hay momentos que una madre conoce bien. Tal vez porque ha pasado por ellos. Quizá porque sabe que una hija se puede amar incluso de lejos. Quizá porque, a veces, cuando está por medio el dolor, todo ese amor no puede ser más que un estorbo. Cierra la puerta y la deja así, con esa nota entre las manos. Mi nota. Gin la abre. Lee curiosa el principio: «Me lo has pedido muchas veces y yo te he dicho siempre que no. Me habría gustado regalártelo para tu cumpleaño, para Navidad, para unaa fiesta cualquiera. Nunca para pedirte perdón. Pero si tuviera que servir, si no bastara, si tuviera que escribir aún mil y mil y mil más, lo haría también porque no puedo vivir sin ti.» Y Gin sigue leyendo: «He aquí lo que quería: mi poema.» Sonríe y lee, lee. Resbala entre las palabras, llora, sorbe por la nariz y se ríe otra vez. Se levanta y continúa. Nuestros momentos, nuestra pasión, el viaje, la emoción. Y sigue sonriendo, sorbiendo aún por la nariz, secándose los ojos, destiñendo alguna palabra mía con alguna que otra lágrima que se le ha escapado de la mano. Y avanza así, hasta el final. No le digo nada de mi madre. Sólo le hablo de nosotros. No le hablo de nada más que de mí, de mi corazón, de mi amor, de mi error. Robo las palabras de una película que he visto y vuelto a ver muchas veces en Nueva York... «Quiero que levites, quiero que cantes con fervor... Ten una felicidad delirante al menos no la rechaces. Ya sé que te suena cursi, pero el amor es pasión, obsesión, alguien sin el cual no vives. Yo te digo: lánzate de cabeza, encuentra alguien a quien amar con locura y que te ame de la misma forma. ¿Cómo encontrarlo? Olvídate del cerebro y escucha tu corazón. Yo no oigo tu corazón. Porque la verdad, tesoro, es que no tiene sentido vivir si no se tiene esto. Hacer el viaje y no enamorars profundamente equivale a no vivir. Pero tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no vivirás nunca...» Y yo espero haberla convencido de que ya ha encontrado a ese alguien que espera ser perdonado algún día. Pero no tengo prisa. «Te esperaré. Y esperaré. Y esperaré aún más. Para verte, para tenerte, para sentirme otra vez feliz. Feliz como un cielo en el ocaso.» Gin se echa a reír. Después tiene una extraña sensación, repentina. Se vuelve de golpe. Mira en su mesa. Allí, en la esquina donde siempre los ha tenido escondidos. Y repentinamente lo entiende. Y se siente morir. Sale corriendo.
- ¡Mamá, lo has dejado entrar en mi habitación!
- Pero si era ese chico simpático, el del champán, ¿no? Parece tan buen chico... Además, te había traído estas preciosas flores... No podía decirle que no, me parecía descortés.
- Mamá... No sabes qué has hecho.

Fuente: Tengo ganas de ti - Federico Moccia - 2006

No he podido soltarlo. Desde que empecé a leerlo me ha absorbido de tal forma que era imposible soltarlo.
Refrescante y divertido, cada vez me gusta más este autor.

A tres metros sobre el cielo - La película


A tres metros sobre el cielo es la adapatación de la novela de Federico Moccia.

Tu y yo ... a tres metros sobre el cielo.
Tri metri sopra il cielo enloqueció a las adolescentes italianas, como ya había hecho previamente la novela del mismo titulo, escrita por Federico Moccia. La película narra una bonita historia de amor adolescente, recomendable cuando apetece pasar una tarde un tanto pastelosa, pero entretenida.

Lo mejor: El gran Riccardo Scarmacio (autor en buena parte del éxito que tuvo) y , Radio Caos, la emisora de radio que nos acompaña durante toda la película .

TÍTULO: A tres metros sobre el cielo
TÍTULO ORIGINAL: Tri metri sopra il cielo
GÉNERO: Drama, thriller
DIRECTOR: Luca Lucini
GUION:
REPARTO: Riccardo Scamarcio, Katy Louise Saunders, Maria Chiara Augenti, Ivan Bacchi, Lorenzo Balducci, Claudio Bigagli, Alberto Bof, Anna Flati
ESTRENO: 2004
NACIONALIDAD: Italia

Os dejo el trailer de la película en versión original:



Recomendación: Fantástica, entretenida, divertida, refrescante.

martes 2 de junio de 2009

Cosas de chicas - Gossip Girl I


¡Qué hay, gente!
¿Alguna vez os habéis preguntado cómo es en realidad la vida de los elegidos?
Pues bien, yo os lo diré, porque soy una de ellos. Y no me refiero a modelos hermosas, actores, prodigios de la música ni a genios de las matemáticas. Hablo de quienes hemos nacido con la vida resuelta, los que tenemos todo lo que uno podría desear y consideramos totalmente normal que así sea.
Bienvenidos al Upper East Side de la ciudad de Nueva York, donde mis amigos y yo vivimos y vamos a clase, jugamos y dormimos —a veces con algún otro del grupo—. Todos vivimos en pisos enormes con nuestras propias habitaciones con cuarto de baño y línea de teléfono privada. No tenemos ninguna limitación ni de dinero ni de bebida, ni nada de lo que se nos ocurra, y nuestros padres casi nunca están en casa, así que disfrutamos de vida privada a mogollón. Somos listos, hemos heredado la belleza clásica, llevamos ropa fantástica y sabemos pasárnoslo bien. Todo eso no quita que nuestra mierda siga oliendo, como la de cualquiera, pero no se huele porque cada sesenta minutos una empleada pulveriza el cuarto de baño con una esencia purificadora que nos fabrica en exclusiva algún perfumero francés.
Es una vida de lujo, pero a alguien le tiene que tocar vivirla.
Nuestras casas están todas a poca distancia del Museo Metropolitano de Arte de la Quinta Avenida y de los colegios privados de chicas y de chicos, como el Constance Billard, donde vamos la mayoría de nosotras. Aunque tengas resaca, la Quinta Avenida está hermosa por la mañana con el cabello de los chicos del St. Jude, tan sexys, brillando al sol.
Pero algo huele mal alrededor del museo...

Fuente: Cosas de chicas - Cecily Von Ziegesar - 2002

Gossip Girl, la serie de moda entre la juventud tiene una saga literaria en la que fue inspirada.
Busqué el primer libro de la saga porque tenía curiosidad después de verme la primera temporada al completo.
Es bueno, engancha, estos chicos son realmente perversos. Entretenido y divertido.