jueves 30 de abril de 2009

Los Rodríguez - Mi enfermedad



Los Rodríguez - Mi enfermedad

Estoy vencido porque el mundo me hizo así
no puedo cambiar.
Soy el remedio sin receta y tu amor:
Mi enfermedad
estoy vencido porque el cuerpo de los
dos es mi debilidad.
Esta vez el dolor va a terminar.

Parece que la fiesta terminó
perdidos en el tunel del amor
y dicen las hojas del libro que más leo yo
esta vez el esclavo se escapó.

Me entrego al vino por que el mundo me hizo así
no puedo cambiar
Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad
estoy vencido porque el cuerpo
de los dos es mi debilidad.
Esta vez el dolor va a terminar.

Del árbol una hoja seca yo
en mi boca la manzana se pudrió.
tendrías que aprender a pedir perdón!
esta vez la cadena se rompió.

Tendrías que aprender a pedir perdón!
esta vez el esclavo se escapó
estoy vencido porque el mundo me hizo así
no puedo cambiar.
Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad
estoy vencido porque el cuerpo
de los dos es mi debilidad.
Esta vez el dolor va a terminar.

miércoles 29 de abril de 2009

Peter Pan y Wendy


-¿Qué es coser? -preguntó él.
-Eres un ignorante.
-No, no lo soy.
Pero ella estaba encantada ante su ignorancia.
-Yo te la coseré, muchachito -dijo, aunque él era tan alto como ella y sacó su costurero y cosió la sombra al pie de Peter.
-Creo que te va a doler un poco -le advirtió.
-Oh, no lloraré -dijo Peter, que ya se creía que no había llorado en su vida. Y apretó los dientes y no lloró y al poco rato su sombra se portaba como es debido, aunque seguía un poco arrugada.
-Quizás debería haberla planchado -dijo Wendy pensativa, pero a Peter, chico al fin y al cabo, le daban igual las apariencias y estaba dando saltos loco de alegría. Por desgracia, ya se había olvidado de que debía su felicidad a Wendy. Creía que él mismo se había pegado la sombra.
-Pero qué hábil soy -se jactaba con entusiasmo-, ¡pero qué habilidad la mía! Es humillante tener que confesar que este engreimiento de Peter era una de sus características más fascinantes.
Para decirlo con toda franqueza, nunca hubo un chico más descarado.
Pero por el momento Wendy estaba escandalizada.
-Peter, qué engreído -exclamó con tremendo sarcasmo-. ¡Y yo no he hecho nada, claro!
-Has hecho un poco -dijo Peter descuidadamente y siguió bailando.
-¡Un poco! -replicó ella con altivez-. Si no sirvo para nada al menos puedo retirarme.
Y se metió de un salto en la cama con toda dignidad y se tapó la cara con las mantas. Para inducirla a mirar él fingió que se iba y al fallar esto se sentó en el extremo de la cama y le dio golpecitos con el pie.
-Wendy-dijo-, no te retires. No puedo evitar jactarme cuando estoy contento conmigo mismo, Wendy.
Pero ella seguía sin mirar, aunque estaba escuchando atentamente.
-Wendy -siguió él con una voz a la que ninguna mujer ha podido todavía resistirse-, Wendy, una chica vale más que veinte chicos.
Wendy era una mujer por los cuatro costados, aunque no fueran costados muy grandes y atisbó fuera de las mantas.
-¿De verdad crees eso, Peter?
-Sí, de verdad.
-Pues me parece que es encantador por tu parte -afirmó ella-, y me voy a volver a levantar.
Y se sentó con él en el borde de la cama. También le dijo que le daría un beso si él quería, pero Peter no sabía a qué se refería y alargó la mano expectante.
-¿Pero no sabes lo que es un beso? -preguntó ella, horrorizada.
-Lo sabré cuando me lo des -replicó él muy estirado y para no herir sus sentimientos ella le dio un dedal.
-Y ahora -dijo él-, ¿te doy un beso yo?
Y ella replicó con cierto remilgo:
-Si lo deseas.
Perdió bastante dignidad al inclinar la cara hacia él, pero él se limitó a ponerle la caperuza de una bellota en la mano, de modo que ella movió la cara hasta su posición anterior y dijo amablemente que se colgaría el beso de la cadena que llevaba al cuello. Fue una suerte que lo pusiera en esa cadena, ya que más adelante le salvaría la vida.

Fuente: Peter Pan y Wendy - James M. Barrie - 1911

Sencillamente, magia.

martes 28 de abril de 2009

Sabor a chocolate


Mientras el mundo andaba en guerra, Adrian y Elena vivían en amor.
Adrian Troadec tenía 37 años, Elena Petroncini 21. Para ambos el amor era un experiencia nueva a la que se entregaron sin contención, sin mala conciencia, sin remordimientos, sin reservas. El mundo se mataba y ellos, en el sótano de la Petit Chocolat, se acariciaban, se abrazaban, se amaban, sin oír sus dolorosos presente que les rodeaba.
Para Adrian Troadec el sabor del amor volvía a mezclarse con el sabor del chocolate. Para Elena, amor y chocolate serían ya siempre una misma cosa.
El 8 de diciembre de 1941 Elena y Adria se casaron en la pequeña iglesia de Santa Marta en Aix-en-Provence. El padrino de la boda fue Lajos Trapolyi. Adrian y Lajos se miraron. Los recuerdos les arañabn el alma. No sabían que Mel Willman, el marido de Alma, había muerto hacía más de tres años. Tampoco sabían que el día anterior los japoneses habían atacado Pearl Harbor y que ese día, a esa hora, Franklin Delano Roosevelt se dirigía por radio a su país y al mundo para comunicar que Estados Unidos de America había entrado en guerra.

Fuente: Sabor a chocolate - José Carlos Carmona - 2008

Partiendo de la idea tan original de la redacción, este libro se hace tan cómodo de leer, que en un ratito se te ha ido la historia de las manos y te encuentras con el desenlance.
Aunque parezca que un libro tan corto no puede transmitir tanto, la verdad es que deja un grato sabor de boca (a chocolate) relatándo las diferentes historias de los personajes.
El autor no se detiene en descripciones ambientales ni circunstanciales, desarrolla la trama y un buen número de personajes de manera rápido, directa.
Es entrañable, me ha gustado muchísimo.

Un jueguecito...

Las normas, como ya va siendo costumbre, paso a detallarlas a continuación:

1. Responder a las preguntas en tu blog.
2. Cambiar una pregunta que no te guste por otra inventada por ti.
3. Añadir una pregunta creada por ti.
4. Pasarlo a otras ocho personas.



¿Cuál es tu obsesión ahora mismo?
Que salgan adelante mis proyectos de futuro.

¿Un buen lugar para relajarse?
Una playa, cualquier rinconcito de mi Tacita, un viaje en coche...

¿Te echas la siesta?
La verdad es que últimamente sí.

¿Quién ha sido la última persona a la que has abrazado?
Dani.

¿Tu plato preferido para la cena?
Cualquier cosa que no sea muy pesada.

¿La última cosa que te has comprado?
Un libro...

¿Qué escuchas ahora mismo?
La banda sonora de Orgullo y prejuicio

¿Tu estación del año preferida?
El otoño, la estación de los románticos y los melancólicos.

¿Cuáles han sido tus mejores o peores vacaciones?
Las mejores son aquellas que son diferentes, y siempre son diferentes. De las peores no me acuerdo.

¿Qué tienes en tu armario del baño?
Muchas cosas que no suelo utilizar.

Di algo de la persona que te pasó este meme:
Que es un encanto y me contagia su alegría cuando tengo un momento tonto. =)


Si pudieras tener una casa totalmente amueblada gratis en cualquier parte del mundo, ¿dónde te gustaría que estuviera?
Cádiz, Cádiz y Cádiz.

¿Lugar favorito de vacaciones?
Cualquiera que alimente mi sed de conocimiento y cultura.

¿Cuál es tu té favorito?
El moruno.

¿Cómo tomas el café?
Cortado.

¿Qué tipo de música te gusta?
Escucho de todo, depende mucho del momento, aunque tengo una tendencia roquerilla muy arraiada y es la que más me hace vibrar.

¿De qué te gustaría librarte?
De nada, si no, mi vida sería diferente y ya no sería tan mía.

¿Qué querías ser de pequeño?
Policia, médico, dentista, pero sobre todo, policia.

¿Qué echas de menos?
Algún que otro amigo/a que anda perdido y sobre todo a mis padres.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?
Acabo de terminarme "Sabor a chocolate", me estoy leyendo "Peter Pan y Wendy".

¿Cuál es tu marca preferida de vaqueros?
Cualquiera que me guste como me sientan.

¿Qué pieza (nueva o vintage) de diseñador de ropa te gustaría tener?
No entiendo la pregunta...

¿Cuál es la combinación de colores que más usas?
Depende del día, pero sobre todo, mucho rojo, mucho negro, mucho verde y mucho rosa.

¿Con qué celebridad te identificas?
Cualquiera que tenga inquietudes culturales.

¿Vivirías tu vida de distinta manera a como la vives ahora?
No.

¿Volverías a crear el blog?
Supongo que sí.

No podrías vivir sin…
Mi gente y mi Cádiz.

Físicamente, ¿quién es tu hombre ideal?
Hombre, siempre se ha dicho que los ojos son niños, pero creo que busco otras cositas que nada tienen que ver con el físico.

¿Qué prenda (ropa, calzado o complemento) tienes en casa que tenga mucho valor sentimental para ti? ¿Por qué?
Libros, peluches, CD's, recuerdos, todos regalos de gente especial.

¿En el armario de qué famosa te gustaría perderte?
Con el mío me va muy bien, no tengo quejas de momento, si las hay, ya avisaré para que me traigan el de la Keira Knight. Jajaja.

¿Cómo reaccionas si te dejas el teléfono móvil en casa?
Tampoco es que me vaya a morir.

¿Qué sueles desayunar?
Depende del día, de la hora y de mi estado de ánimo matutino.

¿Cuál es el último sueño que has tenido?
No me acuerdo...

Di tres cosas de las que te sientas orgulloso:
De mi capacidad para afrontar los retos y adaptarme a las nuevas situaciones, de mi familia y de mis amigos.

¿Cambiarías algo de ti mismo?
Nada en absoluto.

Un sueño:
Tengo muchos...

Di tres o cuatro grupos de música o cantantes que escuches cuando te sientes feliz:
La música en sí es felicidad, pero por decir unos cuantos: Enrique Bunbury, Manolo García, Pereza, Muse...

Si todo el mundo que conoces de tu "vida real" se enterase de que tienes un blog y no pudieras vetar el acceso más que a uno o dos, ¿quiénes serían?
No vetaría a nadie, no creo que lo que diga-escriba por el blog, tenga mayor importancia que lo que pueda decir tomándome un café.

Serías capaz de dejarlo todo por...
Supongo que hasta no estar en la situación, nunca se sabe.

Se supone que tengo que escoger a ocho personas, pero lo dejo a vuestra elección.
Gracias por echar el ratito.

Los guardianes del libro


Desde el principio, debería aclarar que éste no era mi encargo típico. Me gusta trabajar sola, en mi propio laboratorio, pulcro, silencioso y bien iluminado, donde la temperatura está regulada y tengo a mano todo lo necesario. Es cierto que me labré una reputación por ser la clase de profesional que se desempeña eficientemente fuera del laboratorio si es necesario; cuando los museos no están dispuestos a pagar los seguros de transporte de una obra, o los coleccionistas privados no desean que se sepa con certeza la pieza que poseen. También es cierto que para realizar algún trabajo interesante he tenido que viajar al otro extremo del mundo. Pero nunca a un lugar como éste: el salón de juntas de un banco, en medio de una ciudad en la que sus habitantes acaban de dejar de dispararse entre sí hace apenas cinco minutos.

Para empezar, en el laboratorio de mi casa no hay guardias de seguridad. Quiero decir que, en el museo, suele haber un puñado de guardias profesionales yendo y viniendo, pero a ninguno de ellos se le ocurriría ni en sueños irrumpir en mi lugar de trabajo. Todo lo contrario que aquí. Son seis. Dos son guardias de seguridad del banco; otros dos son policías bosnios, contratados para vigilar a los guardias de seguridad del banco; y los otros dos son cascos azules de las Naciones Unidas, encargados de vigilar a los policías bosnios. Todos vociferando constantemente en bosnio o en danés por sus chirriantes walkie-talkies. Y como si tal gentío no bastase, también se encontraba allí el observador oficial de la ONU, Hamish Sajjan, el primer sij escocés que he conocido en mi vida, enfundado elegantemente en una chaqueta Harris de tweed y su turbante índigo. Tuve que pedirle que advirtiera a los bosnios que nadie iba a fumar en una estancia que pronto alojaría un manuscrito del siglo XV. A partir de ese momento, los guardias estuvieron todavía más inquietos.

Hacía casi dos horas que esperábamos e incluso yo estaba empezando a inquietarme. Había hecho todo lo posible por matar el tiempo. Los guardias me habían ayudado a ubicar la gran mesa de juntas debajo de la ventana para aprovechar la luz. Había armado el microscopio y dispuesto mis herramientas: las cámaras para la documentación fotográfica, las sondas y los bisturís. El vaso de precipitados de gelatina se ablandaba sobre su almohadilla térmica, y la pasta de trigo, las hebras de lino y el pan de oro estaban dispuestos, y también unos pocos sobrecitos de plástico transparentes, por si la fortuna me sonreía y encontraba algún residuo dentro de la encuadernación (es increíble cuánto se puede aprender de un libro al estudiar la composición química de una migaja de pan). También había colocado allí muestras de varios tipos de piel de becerro, rollos de papel hecho a mano de diversos tonos y texturas, y cuñas de goma espuma para apoyar el libro. Si es que alguna vez llegaba.

—¿Tienes idea de cuánto vamos a tener que esperar? —pregunté a Sajjan.

Éste se encogió de hombros.

—Creo que se han retrasado por el representante del Museo Nacional. El libro es propiedad del museo, por lo que el banco no puede retirarlo de la bóveda excepto en presencia del representante.

Impaciente, me acerqué a las ventanas. Estábamos en la planta superior del banco, un edificio austro-húngaro estilo tarta de boda cuya fachada de estuco había sido agujereada por proyectiles de mortero, al igual que todos los demás edificios de la ciudad. Apoyé la mano sobre el cristal y sentí el frío filtrándose. Supuestamente el invierno ya había acabado. Abajo, en el pequeño jardín junto a la entrada del banco, florecían los azafranes de primavera. Pero aquella madrugada había nevado y todas las florecillas rebosaban con pequeños copos de nieve, como tazas de capuchino en miniatura. Al menos la nevada ayudaba a que en el interior de la sala la luz fuese más pareja y brillante. Una luz perfecta para trabajar, si hubiera podido ponerme manos a la obra.

Sólo por hacer algo, desenrollé algunos de mis papeles, de lino francés. Con una regla metálica tracé las hojas una por una hasta alisarlas todas. El sonido del filo metálico deslizándose sobre las grandes hojas me recordaba al romper de las olas que puede oírse en mi apartamento, en Sydney.
Me percaté de que me temblaban las manos, mala cosa para cualquiera que se dedique a esta profesión.

Fuente: Los guardianes del libro - Geraldine Brooks - 2008

Fácil de leer, entretenido, innovador y agradable.
La verdad es que me ha sorprendido. Esperaba menos de este libro y me encuentro con algo sencillo y deslumbrante con una trama entretenida y ágil.

jueves 23 de abril de 2009

Día Internacional del Libro

Para aquellos devoradores de libros, hoy es un día realmente especial. Para mí, hoy es un día especial.

Hay personas a las que no les llama la atención el contenido de un libro, ya sea del género que sea. Sin embargo, hay personas que nos perdemos entre sus páginas y encontramos y aprendemos de ellas. Hay personas, que, incluso necesitan libros para vivir, por que son la forma evadirse, de expandirse y que ciertos problemas de la vida cotidiana no derrumbe un mundo que ha costado crear.

Las páginas de un libro transmiten emociones intensas y definidas que nos pueden hacer tanto reír como llorar. Las ganas de leer por desvelar secretos, por seguir una escena que a su vez te transporta a otra... Una cadena que hace que nuestro cerebro trabaje y no se aletargue y pierda entre las sombras de una realidad muy deprimente en algunos casos. Los libros son mágicos. En ellos, todos los sueños se pueden hacer realidad. Son magia.

Por lo tanto, quiero felicitar a todo aquel que sienta que el día en que desaparecieron Shakespeare, Garcilaso y Cervantes es un día especial. Que lo aprovechen, que lo disfruten, que cualquier día es bueno para regalar un libro y una flor, pero que hoy es un día máss bonito para hacerlo.

¡Feliz día del libro a todos!

miércoles 22 de abril de 2009

El guardián entre el centeno


Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield.

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—Papá va a matarte. Va a matarte —me dijo.
Pero no la oí. Estaba pensando en otra cosa. En una cosa absurda.
—¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?
—¿Qué?
—¿Te acuerdas de esa canción que dice, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno...»? Me gustaría...
—Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno» —dijo Phoebe—. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.
—Ya sé que es un poema de Robert Burns.
Tenía razón. Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno», pero entonces no lo sabía.
—Creí que era, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo» —le dije—, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.
Phoebe se quedó callada mucho tiempo. Luego, cuando al fin habló, sólo dijo:
—Papá va a matarte.
—Por mí que lo haga —le dije. Me levanté de la cama porque quería llamar al que había sido profesor mío de literatura en Elkton Hills, el señor Antolini. Ahora vivía en Nueva York. Había dejado el colegio para ir a enseñar a la Universidad—. Tengo que hacer una llamada —le dije a Phoebe—. Enseguida vuelvo. No te duermas.

Fuente: El guardián entre el centeno - J.D. Salinger - 1945

Peculiar sin duda. Es un libro de culto para cualquier amante de la literatura contemporánea.
La narrativa del autor es innovadora y entre diálogos y disertaciones nos deja ver el pensamiento y la forma de ser de un joven un tanto especial.
Me ha gustado muchísimo, más de lo que me esperaba. Grata sorpresa.

martes 21 de abril de 2009

Pereza - Beatles



Pereza - Beatles

Todo lo haces mal,
controla un poco, corazón.
Para los demás,
fuimos como un foco de calor.
Pero yo sé lo que hay,
y estoy loco,
tienes tela.
No me creo la mitad,
tú tampoco.
Muérete ya.
C'est la vie, get the live.

Desde hace tiempo si me permites,
todo me sale genial.
Me siento más cerca de los Beatles.
Que de tus discos de jazz.

Siii

Fuimos a bailar,
el sitio no te convenció.
Nada de brindar,
pero aún quedaba lo mejor.
Nos marchamos a una fiesta
en su moto.
En Barna todos tienen Vespa.
Gente guapa,
lo más cool de la foto.
El chico no puede pasar.

Desde hace tiempo si me permites,
todo me sale genial.
Me siento más cerca de los Beatles.
Que de tus discos de jazz.

Desde hace tiempo si me permites,
todo va fenomenal.
Me sienta tan bien que no me invites.

Desde hace tiempo si me permites,
todo me sale genial.
Me siento más cerca de los Beatles.
Que de tus discos de jazz.

Desde hace tiempo si me permites,
todo va fenomenal.
Me sienta tan bien que no me invites.

lunes 20 de abril de 2009

El evangelio del mal


Al principio, el Abismo eterno, el Dios de los dioses,la sima de donde habían surgido todas las cosas, creó seis mil veces un millón de universos para hacer que la nada retrocediera.
Luego, dotó a esos seis mil veces un millón de universos de sistemas, de soles y de planetas,de todo y de nada, de lleno y de vacío,de luz y de tinieblas.
A continuación les insufló el equilibrio supremo, según el cual una cosa solo puede existir si su no cosa coexiste con ella.

Así pues,todas las cosas salieron de la nada del Abismo eterno.
Y al articularse cada cosa con su no cosa, los seis mil veces un millón de universos entraron en armonía.
Pero, para que esas innumerables cosas engendraran a su vez las multitudes de cosas que iban a dar la vida, necesitaban un vector de equilibrio absoluto, el contrario de los contrarios, la matriz de todas las cosas y de todas las no cosas, el Bien y el Mal.

El Abismo eterno creó entonces la ultracosa, el Bien supremo, y la ultra no cosa, el Mal absoluto.
A la ultracosa le dió el nombre de Dios.
A la ultra no cosa le dió el nombre de Satán.
Y dotó a esos espíritus de los grandes contrarios de la voluntad de combatirse eternamente para mantener los seis mil veces un millón de universos en equilibrio.

Luego, cuando todas las cosas se articularon por fin sin que el desequilibrio pudiera romper nunca más el equilibrio que lo sostenía, el Abismo eterno vio que eso era bueno y se cerró de nuevo. Mil siglos transcurrieron entonces en el silencio de los universos que crecían.

Llegó por desgracia un día en que, tras quedarse solos orquestando esos seis mil veces un millón de universos, Dios y Satán alcanzaron un grado tan elevado de conocimiento y de aburrimiento que, a despecho de lo que el Abismo eterno les había prohibido, el primero, Dios, empezó a crear un universo más en su propio nombre.
Un universo imperfecto que el segundo, Satán, se afanó en destruir por todos los medios, para que ese universo que hacía el número seis mil veces un millon más uno no llegara a destruir el orden de todos los demás debido a la ausencia de su contrario.

"Una cosa solo puede existir si su no cosa coexiste con ella"

Entonces, puesto que la lucha entre Dios y Satán sólo se desarrollaba en el interior de ese universo que el Abismo eterno no había previsto, el equilibrio de los demás universos empezó a romperse.

Fuente: El evangelio del mal - Patrick Graham - 2007

Es un libro bastante dinámico y con una estupenda trama para aquellos a los que le gusten los thrillers. Interesante la narrativa del autor y la capacidad imaginativa para organizar el contexto en el que se desarrolla el nudo.
Con giros bruscos y sorprendentes, el escritor fija una forma de engancharse al lector. Sin duda un libro entretenido.

viernes 17 de abril de 2009

The Code - La película


Keith Ripley (Morgan Freeman) es un ladrón de la vieja escuela. Es frío, calculador y trabaja según el "Código" de los ladrones, un código cuyas reglas son: realizar el encargo, cubrir al compañero, y nunca jamás colaborar con la policía. Gabriel Martín (Antonio Banderas) es joven y apasionado, y además se conoce las calles de Nueva York como la palma de la mano, aunque en el fondo es un ladrón de poca monta al que la vida le ha tratado mal.

Ripley pedirá ayuda a Gabriel para su último gran golpe: el robo de dos Huevos de Fabergé únicos que jamás han sido expuestos y que están custodiados con los más sofisticados sistemas de seguridad en la caja fuerte de una corporación rusa. Ripley los necesita para saldar una deuda con su antiguo socio, Petrovitch, un mafioso ruso que no dudará en acabar con él si no le consigue las dos excepcionales piezas...

TÍTULO: The Code
TÍTULO ORIGINAL: Thick as Thieves (The Code)
GÉNERO: Thriller
DIRECTOR: Mimi Leder
GUION: Ted Humphrey
REPARTO: Morgan Freeman (Keith Ripley), Antonio Banderas (Gabriel), Radha Mitchell (Alex), Robert Forster (teniente Weber), Rade Serbedzija (Nicky Petrovitch), Marcel Iures.
ESTRENO: 06/03/2009
NACIONALIDAD: USA
WEB OFICIAL: http://www.deaplaneta.com/es/the-code

Os dejo el trailer de la película:



Recomendación: Simplemente hay que verla porque esos dos actores se salen de la pantalla. Bon apetit!

lunes 13 de abril de 2009

Fito y los fitipaldis - Las nubes de tu pelo



Fito y los fitipaldis - Las nubes de tu pelo

No hay mejor lugar que entre las nubes de tu pelo
Para revolver las drogas con los versos
Lo mejor del sol... el brillo de la luna
que es tu corazón.

En medio del mar te sientes como en un desierto.
Primavera ven y cúrame el invierno.
Loco trovador, es tu canción desnuda.
Sólo corazón.

Hoy me quedo en casa
lo de fuera no me interesa.
Ya saldré a dar una vuelta otro día que no llueva.
¿Cuántas flores para un ramo?
¿Cuántos versos para un poema?

Hoy me quedo en casa
lo de fuera no me interesa.
Ya saldré a dar una vuelta otro día que no llueva.
¿Cuántas flores para un ramo?
¿Cuántos versos para un poema?

Hoy me quedo en casa
lo de fuera no me interesa.
Ya saldré a dar una vuelta otro día que no llueva.
¿Cuántas flores para un ramo?
¿Cuántos versos para un poema?

jueves 2 de abril de 2009

El libro de las ilusiones


Eso tramaba la lúcida e ingeniosa Brigid O’Fallon, y durante una temporada pareció que acabaría atrapando a su hombre. Envuelto en sus diversas disputas con Hunt, luchando contra la fatiga y la tensión de tener que realizar una nueva película cada mes, Hector se sentía cada vez menos inclinado a desperdiciar la noche en clubs de jazz y bares clandestinos, a malgastar sus fuerzas en seducciones inútiles. El apartamento de O’Fallon se convirtió en un refugio para él, y las apacibles noches que allí pasaban juntos le ayudaban a mantener en equilibrio la cabeza y la entrepierna. Brigid poseía un agudo sentido crítico, y como entendía más que él sobre la industria cinematográfica, Hector respetaba mucho sus opiniones. Fue ella, en realidad, quien sugirió la prueba para que Dolores Saint John hiciera el papel de hija del sheriff en El utilero, su siguiente comedia. Brigid llevaba unos meses estudiando la carrera de Saint John, y en su opinión aquella actriz de veintiún años tenía posibilidades de convertirse en algo grande, otra Mabel Normand o Gloria Swanson, otra Norma Talmadge.

Hector siguió su consejo. Cuando Saint John entró en su despacho tres días después, ya había visto un par de películas suyas y estaba decidido a ofrecerle el papel. Brigid tenía razón en cuanto a las dotes interpretativas de Saint John, pero nada de lo que ella había dicho ni de lo que él había visto en el trabajo de la actriz le había preparado para el irresistible efecto que le causó su presencia. Una cosa era ver la actuación de alguien en una película muda, y otra muy distinta estrechar la mano de esa persona y mirarla a los ojos. Otras actrices quizá resultaban más impresionantes en el celuloide, pero en la vida real de sonido y color, en el mundo de carne y hueso, de tres dimensiones, de cinco sentidos, cuatro elementos y dos sexos nunca había conocido a una criatura como aquélla. No era que Saint John fuese más bella que otras mujeres, ni tampoco que dijera nada excepcional en los veinticinco minutos que estuvieron juntos aquella tarde. Para ser enteramente francos, parecía un poco sosa, de una inteligencia no superior a la media, pero tenía cierto aire salvaje, una energía animal que discurría bajo su piel e irradiaba de sus gestos, y a Hector le resultaba imposible dejar de mirarla. Los ojos que le devolvían la mirada eran del más pálido azul siberiano. Tenía la piel muy blanca, y sus cabellos pelirrojos tenían un matiz oscuro, tirando a caoba. A diferencia de la mayoría de las norteamericanas de junio de 1928, llevaba el pelo largo, en una melena que le caía hasta los hombros. Hablaron durante un rato sobre nada en particular. Luego, sin preámbulo alguno, Hector le dijo que el papel era suyo si lo quería, y ella aceptó. Nunca había trabajado en una comedia burlesca, le dijo, y aquel desafío le hacía mucha ilusión. Luego se levantó de la silla, le estrechó la mano y salió del despacho. Diez minutos después, con la cabeza aún llena de la ardiente imagen de su rostro, Hector decidió que Dolores Saint John era la mujer con la que iba a casarse. Era la mujer de su vida, y si al final resultaba que no le quería, entonces no se casaría con nadie.

Desempeñó hábilmente su papel en El utilero, haciendo todo lo que Hector le indicaba e incluso contribuyendo con algunas florituras de su parte, pero cuando él trató de contratarla para su siguiente película, ella puso ciertos reparos. Le habían ofrecido el papel principal en una película de Allan Dwan, y la oportunidad era sencillamente demasiado grande para que pudiera rechazarla. Hector, que supuestamente tenía un toque mágico con las mujeres, no llegaba a parte alguna con ella. No encontraba palabras para decir lo que sentía en inglés, y siempre que estaba a punto de declararle sus intenciones, se volvía atrás en el último momento. Temía asustarla si se expresaba mal, destruyendo sus posibilidades para siempre. Mientras, seguía pasando varias noches a la semana en el apartamento de Brigid, y como nunca le había hecho promesas, como era libre de amar a quien le diera la gana, no le dijo nada acerca de Saint John. Cuando se acabó el rodaje de El utilero a finales de junio, Saint John fue a rodar exteriores en los montes Tehachapi. Trabajó cuatro semanas en la película de Dwan, y en ese tiempo Hector le escribió sesenta y siete cartas. Lo que había sido incapaz de decirle en persona, encontró al fin el valor de expresarlo por escrito. Se lo repitió una y otra vez, y aun cuando se lo decía de manera diferente cada vez que le escribía, el mensaje era siempre el mismo. Al principio, Saint John se quedó perpleja. Luego se sintió halagada. Después empezó a esperar las cartas con impaciencia, y al final comprendió que no podía vivir sin ellas. Cuando volvió a Los Angeles a principios de agosto, le dijo a Hector que la respuesta era sí. Sí, le quería. Sí, se convertiría en su mujer.

Fuente: El libro de las ilusiones - Paul Auster - 2002

Cuando empecé el libro que me había recomendado un buen amigo pensé: "esto no me va a gustar, no es mi estilo".
Y no podía estar más equivocada.
Ciertamente no es mi estilo, pero tengo que reconocer que es un libro dinámico y que absorbe. Me ha tenido enganchada desde la primera página hasta el final en una sucesión de secuencias y acción que daban un giro brutal a la trama.
No me esperaba este final, la verdad, es crudo, demasiado duro, pero sin duda, es un buen final, nada de tópicos.
Directo, genial.