
Después del cambio de recinto -inicialmente previsto en Badalona- y del posterior cambio de fecha -el concierto estaba programado para este viernes- llegaba el momento de descubrir las sorpresas que nos deparaba la nueva gira de una de las bandas más potentes de la actualidad: Muse en Barcelona. Amados y odiados a partes iguales por su gusto por la épica grandilocuente y el sinfonismo, que para algunos es signo de genialidad y para otros de pretenciosidad, el caso es que cada nueva gira de este trío de Teignmouth resulta todo un acontecimiento. Si bien su último disco The Resistance no es el más brillante de su carrera, seguramente el show ofrecido anoche en Barcelona sí lo sea en cuanto a producción e impacto escénico. Apostados en lo alto del escenario, dentro de una especie de torres rectangulares recubiertas por centenares de luces leds que actuaban al mismo tiempo de pantallas, Matt, Chris y Dominic comenzaban a despachar los primeros acordes de una muy glam rock "Uprising", primer corte de The Resistance en un sobrecogedor inicio, que clarificaría rápidamente cuál iba a ser el discurrir de la velada. Parapetado tras un torrencial manantial sonoro, el líder y cantante del grupo, Matthew Bellamy nos regalaba una de las graciosas imágenes de la noche apareciendo provisto de unas centelleantes gafas de sol a la par que en pocos segundos se hacía con todas las felices almas de los allí presentes, en tan sólo un par de guitarrazos.
Las canciones de Muse tienen ese punto entre burlón y contestatario que ayudan a que el público se implique de inmediato con su mensaje, de la misma manera en la que lo haría si se encontrase en mitad de una manifestación de protesta. 'Resistance', siguiente canción del repertorio, con su fantasmagórico y nostálgico arranque condensan algunos de los signos de identidad de la banda en el nuevo disco, como es la recuperación del espíritu del rock de los 70 en los fraseos de algunas estrofas, que recuerdan a unos ABBA en 'The Winner Takes It All' pasados por el filtro operístico de Bellamy o los fabulosos Queen de los inicios con sus coros de falsetes. El hiperactivo piano de 'New Born', temazo de su segundo y respetado álbum 'Origin Of Symmetry' entraba en escena y el jolgorio de la muchachada parecía ir en consonancia con la popularidad de esta pieza.
'Map Of The Problematique' vendría a ser como el himno del movimiento contra el cambio climático y la voracidad capitalista, resumido en su halo apocalíptico y rebelde al mismo tiempo. Con 'Supermassive Black Hole' se iba a poder comprobar una vez más el lujoso montaje de un espectáculo diseñado para potenciar el directo de un grupo como Muse que defiende su repertorio sobre el escenario, como pocas formaciones en el mundo. 'Hysteria' despertaría al adolescente furioso contra el mundo que todos llevamos una vez dentro o que muchos de los asistentes todavía parecían llevar y 'United States of Eurasia' la pieza que sintetiza con resultados dispares la influencia y el legado de Freddie Mercury y los suyos en los integrantes de Muse.
La excelente versión de 'Feeling Good' megáfono en mano de Matt, popularizada décadas antes por Nina Simone, la cadencia rhythm and blues electrónica de 'Undisclosed Desires' o la vitalista 'Starlight', uno de los momentos álgidos de la noche en los que Bellamy desplegaría todo su poderío vocal, precederían al salvaje repóker de cierre del primer gran bloque del concierto con himnos como 'Plug In Baby' y su archiconocido riff de apertura, 'Time Is Running Out' y su excitante crescendo o esa canción que parece englobar tres en una y que responde al nombre de 'Unnatural Selection'.
Sin embargo, y como apunte negativo cabría destacar la no inclusión en el ya de por sí sobrecargado repertorio del grupo de algunos de sus temas fundamentales como 'Sunburn', 'Muscle Museum', 'Bliss', 'Citizen Erased' o 'Butterflies & Hurricanes' que venían apareciendo en sus últimas giras y que permitían comprender la evolución que ha ido siguiendo Muse durante estos últimos años, amén de satisfacer al seguidor más fiel. Por muy planificado que deba estar un show de estas características, como es el que presentan el trío de Devon en este caso, siempre debería existir espacio para alojar material de tu primera etapa.
También dentro del apartado de elementos mejorables y en este caso en el externo a lo meramente musical, fue el desaguisado organizativo que se produjo a la hora de ubicar al público en sus respectivas localidades antes del comienzo del concierto, cosa que provocó desconcierto especialmente entre una parte importante del público con entradas para acceder a la zona de pista del Palau St. Jordi, pero a la que se le denegó hasta última hora el acceso a la zona por extraños motivos de seguridad. La experiencia nos dice que normalmente suele ser bastante más peligroso intentar contener a una multitud ansiosa en una zona excesivamente acotada, que permitir que cada uno decida libremente desde dónde quiere divisar la actuación, habiendo sin duda espacio suficiente para que todo el mundo disfrute sin necesidad de tumultos. En ese aspecto las vallas de contención ubicadas alrededor de la zona de pista con motivo de la inminente celebración de la final de la Copa Davis, al reducir y estrechar su perímetro habitual en comparación con otros acontecimientos de la misma magnitud, pudieron suponer más bien una amenaza para la integridad física de los asistentes, en lugar de un eficaz mecanismo de control. Invito a que tome buena nota de ello a quién le corresponda.
De vuelta a lo estrictamente musical, la recta final se iniciaría con la sobrecogedora y muy cinematográfica 'Exogenisis: Symphony Part I (Overture)' que por momentos le transportan a uno -con la ayuda de la escenografía- por ejemplo a pasajes de obras como Gladiator de Ridley Scott, en la que Russell Crowe y Joaquin Phoenix se enfrentaban en la secuencia final del Coliseo, con la operística banda sonora de Hans Zimmer impregnando todo el metraje al tiempo que los protagonistas se elevaban por la plataforma que les conducía al centro de la arena. La violenta y pasional 'Stockholm Syndrome' sería el preludio de uno de los más deslumbrantes cierres jamás presenciados por un servidor: las primeras notas de harmónica de la banda sonora que Ennio Morricone compuso para 'Once Upon A Time In The West' ("Hasta que llegó su hora" traducida en España) resuenan en todo el pabellón y después de unos segundos en los que parecen que el suelo se torne polvoriento azotado por la ventisca y el rostro sudoroso de Charles Bronson nos esté mirando fijamente, estalla 'Knights of Cydonia', quizá la más espectacular pieza en directo de Muse. Estamos seguros de que hasta el mismísimo Sergio Leone se sentiría orgulloso de formar parte de semejante spaghetti western espacial de bíblicas proporciones.
Fuente: La Vanguardia
Setlist del concierto en Barcelona 24/11/2009
We Are the Universe (intro music)
01. Uprising
02. Resistance
03. New Born
04. Map Of The Problematique
05. Supermassive Black Hole
06. MK Ultra
07. Interlude + Hysteria
08. Nishe
09. United States Of Eurasia
10. Feeling Good
11. Guiding Light
12. Undisclosed Desires
13. Starlight
14. Plug In Baby
15. Time Is Running Out
16. Unnatural Selection
17. Exogenesis: Symphony, Part 1: Overture
18. Stockholm Syndrome
19. The Man With the Harmonica + Knights of Cydonia
No tengo palabras para describir el conciertazo que dieron en el Palau Sant Jordi. Desde el primer al último tema vibramos con los acordes de esa guitarra con tanta personalidad. Un sueño hecho realidad. Alucinante y espectacular. Con un escenario fascinante lleno de movimiento y color que nos dejó a todos boquiabiertos, empezó el concierto con el single del nuevo album de la banda inglesa, Uprising. Enlazando un tema con otro durante toda la actuación, casi dos horas después de saltar, gritar y cantar en el Palau, acabó el concierto más esperado de este año para muchos.
De verdad que no tengo palabras para describir lo absolutamente brutal que ha sido verlos en un escenario cantando para todos los que estabamos allí.

1 Comentarios:
Cuanta razón llevas!!!!
Muy buena crónica!!!!
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