miércoles, 16 de septiembre de 2009

Corsarios de Levante


La caza por la popa es caza larga, y voto a Cristo que ésa lo había sido en exceso: una tarde, una noche de luna y una mañana entera corriendo tras la presa por una mar incómoda, que a trechos estremecía con sus golpes el frágil costillar de la galera, estaban lejos de templarnos el humor. Con las dos velas arriba tensas como alfanjes, los remos trincados y los galeotes, la gente de mar y la de guerra resguardándose como podían del viento y los rociones, la Mulata, galera de veinticuatro bancos, había recorrido casi treinta leguas persiguiendo a aquella galeota berberisca que al fin teníamos a tiro; y que, si no rompíamos un palo –los marineros viejos miraban arriba con preocupación–, sería nuestra antes de la hora del avemaría.
–Rásquenle el culo –ordenó don Manuel Urdemalas.
Nuestro capitán de galera seguía de pie, a popa –casi no se había movido del sitio en las últimas veinte horas–, y desde allí observó cómo el primer cañonazo levantaba un pique de agua junto a la galeota. Al ver el alcance del tiro, los artilleros y los hombres que estaban a proa, alrededor del cañón de crujía, vitorearon. Mucho tenían que torcerse las cosas para que se nos fuera la presa, teniéndola a mano y a sotavento.

Fuente: Corsarios de Levante - Arturo Pérez-Reverte - 2006

Me parece una de las aventuras más atractivas de mi querido Capitán Alatriste e Iñigo. Sin duda, por aquella época había mucho español hecho a navegar para ganarse, como bien podía, la vida o perderla en el intento de hacerse con un futuro.

Me quedo con ganas de más.

Hay como ha crecido el zagal...