Soy el vampiro Lestat. Soy inmortal. Más o menos. La luz del sol, el calor prolongado de un fuego intenso... tales cosas podrían acabar conmigo. Pero también podrían no hacerlo. Mido un metro ochenta, una estatura que resultaba bastante impresionante hacia 1780, cuando yo era un joven mortal. Ahora no está mal. Tengo el cabello rubio y tupido, largo hasta casi los hombros y bastante rizado, que parece blanco bajo una luz fluorescente. Mis ojos son grises pero absorben con facilidad los tonos azules o violáceos de la piel que los rodea. También tengo una nariz fina y bastante corta, y una boca bien formada, aunque resulta demasiado grande para el resto del rostro. Una boca que puede parecer muy mezquina, o extremadamente generosa, pero siempre sensual. Mis emociones y estados de ánimo se reflejan siempre en mi expresión. Mi rostro está continuamente animado.
Mi condición de vampiro se pone de relieve en la piel, extremadamente blanca y que refleja excesivamente la luz: ello me obliga a maquillarme para aparecer ante cualquier tipo de cámara. Cuando estoy sediento de sangre, mi aspecto produce verdadero horror: la piel contraída, las venas como sogas sobre los contornos de mis huesos... Pero ya no permito que tal cosa suceda, y el único indicio firme de que no soy humano son las uñas de mis dedos. A todos los vampiros nos sucede lo mismo: nuestras uñas parecen de cristal. Y hay gente que se fija sólo en eso aunque no advierta nada más.
Ahora soy lo que en Norteamérica llaman una superestrella del rock. He vendido cuatro millones de copias de mi primer álbum y voy camino de San Francisco para dar el primer concierto de una gira nacional que me llevará de costa a costa con mi grupo. MTV, el canal por cable de música rock, lleva dos semanas pasando mis video-clips día y noche. También los pasan en el «Top of the Pops» inglés y en el continente, así como en algunas partes de Asia además de en el Japón. Las cintas que recogen la serie completa de video-clips se están vendiendo por todo el mundo.
Fuente: Lestat, el vampiro - Anne Rice - 1985
El libro engancha.
No tiene la misma estructura que Entrevista con el vampiro, pero engancha pese al gran número de páginas que tiene el relato. La historia de Lestat lo hace sorprendente, los personajes están mucho más elaborados y conectados, las descripciones son más meticulosas, detalladas.
Por circunstancias no he podido acabar antes con el libro, pero sin duda, puedo decir que es sorprendente la imaginación que tiene Anne Rice.
Final sorprendente.
Mi condición de vampiro se pone de relieve en la piel, extremadamente blanca y que refleja excesivamente la luz: ello me obliga a maquillarme para aparecer ante cualquier tipo de cámara. Cuando estoy sediento de sangre, mi aspecto produce verdadero horror: la piel contraída, las venas como sogas sobre los contornos de mis huesos... Pero ya no permito que tal cosa suceda, y el único indicio firme de que no soy humano son las uñas de mis dedos. A todos los vampiros nos sucede lo mismo: nuestras uñas parecen de cristal. Y hay gente que se fija sólo en eso aunque no advierta nada más.
Ahora soy lo que en Norteamérica llaman una superestrella del rock. He vendido cuatro millones de copias de mi primer álbum y voy camino de San Francisco para dar el primer concierto de una gira nacional que me llevará de costa a costa con mi grupo. MTV, el canal por cable de música rock, lleva dos semanas pasando mis video-clips día y noche. También los pasan en el «Top of the Pops» inglés y en el continente, así como en algunas partes de Asia además de en el Japón. Las cintas que recogen la serie completa de video-clips se están vendiendo por todo el mundo.
Fuente: Lestat, el vampiro - Anne Rice - 1985
El libro engancha.
No tiene la misma estructura que Entrevista con el vampiro, pero engancha pese al gran número de páginas que tiene el relato. La historia de Lestat lo hace sorprendente, los personajes están mucho más elaborados y conectados, las descripciones son más meticulosas, detalladas.
Por circunstancias no he podido acabar antes con el libro, pero sin duda, puedo decir que es sorprendente la imaginación que tiene Anne Rice.
Final sorprendente.

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